sábado, 31 de octubre de 2026
 
 
     
El kirchnerismo mira a Lula como modelo para volver al poder

El regreso electoral del brasileño entusiasma a la oposición argentina, pero el modelo tiene límites concretos que el PK ignora.

La recuperación de popularidad de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil se convirtió en el principal tema de conversación dentro del peronismo argentino. La oposición observa con atención cómo un líder de izquierda logró sostener su gobierno frente a una derecha radicalizada e intenta extraer de esa experiencia alguna fórmula aplicable al escenario local ante Javier Milei. El problema es que el paralelo tiene fisuras profundas que el entusiasmo opositor tiende a minimizar. Lula gobernó con un armado institucional robusto, con alianzas parlamentarias sólidas e internas del PT resueltas antes de cada batalla electoral. El peronismo argentino, en cambio, atraviesa una fragmentación inédita: sin conducción unificada, con Cristina Kirchner condicionada judicialmente y Axel Kicillof en tensión permanente con el ala sindical e institucional del movimiento. Importar la narrativa del lulismo sin ese andamiaje organizativo es construir sobre arena. El paralelo con Cristina Kirchner aparece de manera recurrente en los análisis del kirchnerismo duro. Ambos líderes sufrieron condenas judiciales, ambos reivindican una identidad popular fuerte y ambos enfrentaron ofensivas mediáticas sostenidas. Pero Lula contó con el apoyo activo de sectores empresariales moderados e instituciones democráticas que en Argentina tienen comportamientos distintos e impredecibles. La narrativa de la resistencia tiene un techo electoral claro en Argentina. Los datos de imagen de Milei, aunque erosionados en sectores medios urbanos, siguen siendo funcionales en el interior del país y entre votantes jóvenes. El peronismo no logró aún construir un relato alternativo que supere la crítica al ajuste e instale una propuesta creíble de administración económica. Sin eso, la remontada lulista es un espejo que devuelve una imagen distorsionada. Para La Libertad Avanza, la comparación Lula-peronismo tiene un valor político propio: le permite a Milei ordenar su discurso antiizquierda con referencia regional concreta e interpelar a su base con ejemplos de gestión que el electorado libertario rechaza ideológicamente. Cada vez que el peronismo menciona a Lula, Milei tiene un argumento listo para activar. El aspecto que sí merece atención analítica es la capacidad de Lula para sostenerse en el poder con una economía que no terminó de despegar. Esa resiliencia se apoya en redes territoriales, transferencias sociales e identidad partidaria acumulada durante décadas. El peronismo tiene parte de esa infraestructura, pero la desorganización de su cúpula le impide activarla de manera coordinada hacia 2027. La lección real del caso brasileño no es narrativa sino organizativa: los retornos electorales de la centroizquierda en América Latina no se explican por el carisma de sus líderes sino por la solidez de sus estructuras. El peronismo puede admirar a Lula, pero primero necesita resolver quién conduce, con qué programa y hacia dónde va el movimiento. Sin esas respuestas, el entusiasmo comparativo es solo distracción.