martes, 20 de octubre de 2026
 
 
     
Kicillof cierra la paritaria docente y compra paz social bimestral

El gobierno bonaerense logró el aval de los cuatro sindicatos mayoritarios para un aumento del 6% en dos cuotas, pero la calma tiene fecha de vencimiento.

El gobierno de Axel Kicillof cerró este miércoles la paritaria docente bonaerense con un acuerdo del 6% bimestral, dividido en dos cuotas, que obtuvo el respaldo de los cuatro sindicatos con mayor representación en la provincia. La firma por mayoría no fue unánime, lo cual revela las tensiones internas del sindicalismo docente e insinúa que el consenso es más frágil de lo que la foto oficial pretende mostrar. Para el gobierno provincial, el acuerdo es un triunfo de gestión en un año electoral que exige, sobre todo, evitar conflictos que paralicen las aulas. El contexto en el que se cierra esta paritaria es determinante para leer su verdadero alcance. La inflación nacional acumula una trayectoria que erosiona sistemáticamente el poder adquisitivo de los salarios docentes, y el 6% bimestral apenas compite con una dinámica de precios que, aunque desacelerada respecto de los picos de 2023 u 2024, todavía supera ampliamente ese umbral en términos reales acumulados. Acordar en cuotas es, en ese sentido, una herramienta política más que económica: dilata la discusión e impide que el malestar se concentre en un solo momento. Los sindicatos que suscribieron el acuerdo operaron bajo una lógica de racionalidad institucional antes que de defensa salarial estricta. Aceptar la oferta del gobierno implica preservar canales de negociación, sostener la relación con la administración Kicillof e impedir que sectores más combativos capturen la agenda gremial. En un mapa sindical donde la fragmentación es creciente, las conducciones mayoritarias priorizan la gobernabilidad del conflicto sobre la maximización del porcentaje obtenido. El dato político más relevante no es el número sino el método. Un acuerdo bimestral convierte la paritaria en una negociación permanente, lo cual obliga al gobierno a sostener el diálogo con los gremios durante todo el año. Esa dinámica puede leerse como debilidad estatal —la incapacidad de cerrar un acuerdo anual sólido— u también como una estrategia deliberada para mantener a los sindicatos dentro del perímetro institucional e impedir escaladas de conflicto en momentos electoralmente sensibles. La provincia de Buenos Aires es el distrito con mayor cantidad de docentes del país e históricamente el termómetro de las paritarias nacionales. Lo que se acuerda en territorio bonaerense tiene efecto demostrativo sobre otras jurisdicciones e incide en el humor del sector a nivel federal. Kicillof sabe que un conflicto docente prolongado no solo dañaría la imagen de su gestión sino que también complicaría la narrativa del peronismo bonaerense en un año donde la disputa por la hegemonía del espacio está abierta e indefinida. Los sindicatos que no suscribieron el acuerdo u que lo hicieron con reservas representan una variable de tensión que no debe subestimarse. El sindicalismo docente combativo tiene capacidad de movilización autónoma e historial de forzar reaperturas de paritarias cuando el deterioro salarial se hace evidente en el bolsillo de las bases. Si la inflación no cede o si el peso de los descuentos por días no trabajados agrava la percepción del conflicto, el acuerdo de hoy puede convertirse en el detonante del próximo paro. En síntesis, el cierre paritario le da a Kicillof un respiro político medido en semanas, no en meses. La paz en las aulas es un bien escaso e intermitente en la Argentina, y este acuerdo no resuelve la ecuación de fondo: salarios que pierden contra la inflación, docentes que trabajan en condiciones de infraestructura deteriorada y un Estado provincial que negocia con los márgenes fiscales que la Nación le permite. El 6% bimestral es un número que cierra una mesa, pero no un problema.