lunes, 19 de octubre de 2026
 
 
     
Axel Kicillof se postula para 2027 y convierte el Día de la Lealtad

El gobernador bonaerense usó el acto peronista para defender a Cristina Kirchner, criticar a Milei y posicionarse como conductor del espacio.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, aprovechó el acto del Día de la Lealtad para hacer algo más que rendir homenaje a una fecha histórica del peronismo: lanzó su candidatura implícita para 2027, reivindicó a Cristina Kirchner como presa política e intentó asumir la conducción de un movimiento que atraviesa su peor crisis de fragmentación en décadas. El discurso no fue un acto de memoria sino una declaración de intenciones. El contexto en el que Kicillof eligió este escenario no es menor. El peronismo llega al Día de la Lealtad 2026 sin conducción unificada, con Cristina Kirchner procesada e impedida de ejercer cargos, e incapaz de articular una oposición consistente al gobierno de Javier Milei. La fecha, que históricamente funcionó como termómetro del poder interno del movimiento, este año mide otra cosa: quién llena el vacío de liderazgo. Al definir a Kirchner como 'injustamente presa', Kicillof asume un costo político deliberado. No se trata de una frase de ocasión: es una toma de posición que lo alinea con el kirchnerismo duro en un momento en que otros dirigentes del PJ nacional prefieren guardar distancia del legado judicial de la expresidenta. Kicillof elige la confrontación simbólica antes que la moderación táctica. La promesa de 'poner el cuerpo' para 2027 es, en el lenguaje político argentino, una forma de anunciar candidatura sin anunciarla formalmente. Kicillof sabe que la provincia de Buenos Aires es la única estructura territorial con capacidad de motorizar una alternativa electoral nacional. Al mismo tiempo, sabe que esa estructura depende de una coalición interna que hoy está fracturada entre intendentes del conurbano con agendas propias e interlocutores con el gobierno nacional. El llamado a 'reorganizar el peronismo' revela tanto como oculta. Reorganizar implica reconocer que el movimiento está desorganizado, pero no propone ningún mecanismo concreto de unificación. Es un gesto de liderazgo sin arquitectura institucional detrás. La apelación a la 'soberanía política' funciona como comodín discursivo que permite articular críticas a Milei sin ofrecer un programa alternativo preciso. El riesgo estratégico de Kicillof es que su posicionamiento agresivo lo consolide hacia adentro del peronismo pero lo aleje del electorado independiente que el espacio necesita recuperar para ser competitivo en 2027. La defensa cerrada de Kirchner puede energizar a la militancia pero dificulta la construcción de una coalición más amplia, que es el único camino real hacia el gobierno nacional. El Día de la Lealtad mostró a un Kicillof que eligió la audacia sobre la prudencia. Si esa apuesta le da rédito dependerá menos de su discurso y más de lo que ocurra con la economía, con la situación judicial de Kirchner y con la capacidad del peronismo de dejar de mirarse el ombligo para construir algo que el electorado perciba como una opción real de gobierno.