martes, 20 de octubre de 2026
 
 
     
El Gobierno pelea internamente y acelera la suspensión de las PASO

Distintas lecturas dentro de Casa Rosada sobre la suba del riesgo país abren una pelea interna que empuja a suspender las primarias antes de 2027.

El gobierno de Javier Milei enfrenta una crisis de interpretación política tan grave como el propio dato económico que la desató: la suba del riesgo país divide a la Casa Rosada en facciones con diagnósticos incompatibles, mientras una parte del oficialismo acelera las negociaciones con la oposición para eliminar las PASO antes de las elecciones legislativas de 2027. Lo que está en juego no es solo un indicador financiero sino la cohesión interna de un gobierno que llegó al poder prometiendo certeza e identidad ideológica. El riesgo país mide la desconfianza de los mercados internacionales respecto a la capacidad de Argentina de pagar su deuda. Cuando sube, encarece el crédito externo e introduce ruido político. En el contexto actual, con el gobierno negociando un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional e intentando consolidar una narrativa de estabilidad económica, la suba del indicador golpea en el centro de la estrategia comunicacional libertaria. Dentro del oficialismo conviven al menos dos lecturas sobre las causas de esa suba. Un sector la atribuye a factores externos e internacionales, desvinculándola de las decisiones domésticas del gobierno. Otro sector, más cercano a la gestión política cotidiana, reconoce que la incertidumbre electoral de cara a 2027 es un factor real de inestabilidad que los mercados ya están descontando. Esa diferencia de diagnóstico no es técnica: es profundamente política. La respuesta que emerge del ala más operativa del gobierno es acelerar la Reforma Política que incluye la suspensión de las PASO. Los operadores libertarios manejan números propios: estiman que sin primarias abiertas, el oficialismo mejora su capacidad de concentrar el voto propio e impedir la fragmentación que los perjudicó en elecciones anteriores. La lectura es electoral antes que institucional. La presión sobre la oposición para aprobar esa reforma revela una paradoja del gobierno Milei: un movimiento que se presentó como rupturista y anti-casta necesita ahora de acuerdos con la política tradicional para rediseñar las reglas del juego antes de competir. Esa negociación tiene costos simbólicos altos para una identidad construida sobre el rechazo a los pactos entre partidos. El antecedente más cercano es el intento fallido de reforma electoral de 2019, cuando el gobierno de Mauricio Macri también buscó modificar el sistema de primarias sin éxito legislativo. La diferencia es que Milei opera con una fragmentación opositora mayor e intentos de seducción selectiva hacia bloques específicos del Congreso. Sin embargo, cada concesión política interna al peronismo moderado u otros espacios genera rispideces dentro del propio espacio libertario. La suba del riesgo país, en definitiva, funciona como un espejo incómodo: refleja que los mercados aún no tienen certeza sobre la gobernabilidad política argentina más allá del ajuste fiscal. El gobierno puede controlar el gasto pero no controla la fragmentación interna ni la incertidumbre electoral. Esa brecha entre el orden económico prometido y la volatilidad política real es el verdadero problema que la pelea interna expone.