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| martes, 20 de octubre de 2026 |
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Kicillof va a Jujuy a armar su red política nacional
El gobernador bonaerense suma aliados fuera del kirchnerismo y elige una provincia con el PJ intervenido para mostrar autonomía política.
Axel Kicillof acelera su construcción política nacional con un movimiento que no es casual: el gobernador de Buenos Aires prepara una visita a Jujuy, provincia gobernada por el radical Carlos Sadir e intervención del PJ local mediante. La elección del destino condensa una estrategia clara: Kicillof busca armar territorio propio más allá de los límites del kirchnerismo, en una provincia donde la estructura peronista está desarticulada e incapaz de condicionar su agenda.
Jujuy representa un escenario políticamente peculiar. El PJ jujeño permanece intervenido desde la gestión de Gerardo Morales, y hoy enfrenta una reconstrucción interna sin conducción consolidada. Para Kicillof, ese vacío no es un obstáculo sino una oportunidad: ingresar a un distrito sin tener que negociar con un aparato peronista que le exija lealtades o compromisos que colisionen con su perfil propio.
El contexto interno del peronismo nacional vuelve aún más significativo este movimiento. La relación entre Kicillof y el kirchnerismo duro atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión. Las diferencias sobre conducción del PJ bonaerense, el rol de Cristina Fernández de Kirchner en la reorganización del espacio y el posicionamiento de cara a 2027 generaron una distancia que el gobernador ya no intenta disimular.
En ese marco, la recorrida por el interior del país funciona como un doble mensaje. Hacia afuera, Kicillof construye imagen de dirigente nacional con agenda federal, no reducido a la provincia de Buenos Aires. Hacia adentro del peronismo, instala la señal de que puede tejer alianzas propias sin depender de la estructura que conduce Kirchnerismo.
La figura de Sadir como gobernador radical en Jujuy agrega una capa de lectura adicional. Que Kicillof elija visitar una provincia bajo gestión opositora al peronismo indica que su estrategia de 2027 no se construye solo sobre el voto duro del espacio, sino sobre una apuesta más amplia que incluye diálogo con sectores no kirchneristas e incluso no peronistas.
Históricamente, los dirigentes peronistas que intentaron construir liderazgos nacionales desde Buenos Aires debieron resolver la tensión entre la provincia y el resto del país. Kicillof enfrenta esa misma tensión estructural, pero en un momento donde el peronismo nacional carece de conducción única y el escenario electoral de 2027 aún no tiene candidaturas definidas. Ese vacío es el oxígeno que alimenta su movimiento.
El verdadero indicador de la eficacia de esta estrategia no será la visita en sí, sino la capacidad de Kicillof para convertir esos contactos territoriales en una red de apoyo que le dé peso propio en la interna peronista. Por ahora, el gobernador bonaerense apuesta a que moverse antes que los demás le garantice posiciones en un tablero que, en 2026, todavía no terminó de definir sus piezas.Más noticias de Datapolítica
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