martes, 20 de octubre de 2026
 
 
     
Kicillof usó los Juegos Bonaerenses para atacar a Milei

El gobernador aprovechó el acto deportivo más grande de la provincia en Mar del Plata para instalar un mensaje político de confrontación con la Casa Rosada.

Axel Kicillof abrió las finales de los Juegos Bonaerenses en Mar del Plata con un discurso que excedió con creces el marco deportivo del evento. Ante más de 30 mil atletas llegados de 175 municipios bonaerenses, el gobernador eligió una plataforma de alcance masivo e impacto emocional para sostener su perfil de opositor duro al gobierno de Javier Milei. La decisión no fue casual ni improvisada: es parte de una estrategia de construcción territorial que Kicillof viene ejecutando con consistencia desde que las tensiones con La Libertad Avanza se profundizaron. Los Juegos Bonaerenses son el evento deportivo amateur más grande del país a nivel provincial. Reúnen a jóvenes de todos los rincones del territorio bonaerense durante semanas, con una visibilidad que ningún acto político puro puede igualar. Para un gobernador que necesita mostrar gestión concreta frente a un gobierno nacional que recorta transferencias, el evento funciona como vidriera y trinchera al mismo tiempo. La presencia del intendente de Mar del Plata, Guillermo Montenegro, militante del PRO e integrante del bloque opositor al peronismo, aportó una dimensión adicional al acto. Montenegro compartió el escenario con Kicillof en un gesto que, en la lógica de la política bonaerense, implica cierta tregua táctica. El municipio necesita los recursos y la coordinación provincial para sostener un evento de esta escala, lo que obliga a una convivencia institucional que ninguno de los dos actores puede evitar. El trasfondo del discurso de Kicillof es la disputa financiera que enfrenta la provincia de Buenos Aires con el gobierno nacional. La Provincia reclama fondos coparticipables retenidos, transferencias suspendidas e inversión en infraestructura paralizada. Kicillof construye sobre esa disputa un relato donde la provincia —e sus habitantes— aparece como víctima de un ajuste diseñado en Buenos Aires por una administración que desprecia lo público. La elección del deporte juvenil como escenario tiene una lógica electoral de largo plazo. Los más de 30 mil participantes son, en su mayoría, jóvenes que votarán en las próximas elecciones u que ya lo hicieron por primera vez en 2023. Kicillof sabe que la batalla por ese segmento etario es central: Milei capturó una porción significativa del voto joven en las presidenciales, y el peronismo bonaerense necesita recuperar terreno en ese sector. Dentro del propio peronismo, el acto también tiene lectura interna. Kicillof atraviesa un momento de tensión con el kirchnerismo más duro, que cuestiona su autonomía respecto de Cristina Fernández de Kirchner. Cada aparición pública de alto impacto donde el gobernador construye agenda propia refuerza su posición dentro de la interna y debilita la narrativa de quienes lo presentan como un dirigente sin vuelo propio. En síntesis, los Juegos Bonaerenses le ofrecieron a Kicillof algo que la política argentina cotidiana raramente regala: un escenario emotivo, masivo y ajeno a la grieta más polarizada, desde el cual hablar a toda la provincia sin los costos de un acto puramente partidario. La pregunta que queda abierta es si esa estrategia de confrontación sostenida con Milei le genera rédito electoral real u simplemente consolida a un electorado que ya tiene ganado.