viernes, 6 de noviembre de 2026
 
 
     
El massismo dice que el debate de reelecciones depende de Kicillof

El Frente Renovador rechaza la reforma pero no la bloqueará: condiciona el avance a una señal política del gobernador bonaerense.

El massismo definió su postura en el debate sobre reelecciones indefinidas en la provincia de Buenos Aires: está en contra, pero no pondrá el cuerpo para frenarlo. Alexis Guerrera, referente del Frente Renovador, dejó en claro que la responsabilidad de habilitar u obstaculizar esa discusión recae sobre Axel Kicillof. La jugada es políticamente calculada: el massismo se despega del contenido de la reforma sin asumir el costo de bloquearla. El contexto es central para entender la maniobra. La reforma que permitiría reelecciones indefinidas en territorio bonaerense lleva semanas en un limbo institucional. La comisión legislativa que debe tratar el tema está bajo control del peronismo, lo que convierte a Kicillof en el árbitro real del proceso. Sin su aval político, el debate no avanza. Con él, el massismo quedaría expuesto a tener que votar a favor u obligado a ejercer una oposición abierta dentro del propio espacio. La posición de Guerrera es una señal de los límites internos del peronismo bonaerense. El Frente Renovador no quiere quedar asociado a una reforma que tiene costos de imagen evidentes, especialmente en un contexto donde la ciudadanía muestra desconfianza creciente hacia los mecanismos de perpetuación en el poder. Pero tampoco quiere romper con el gobernador ni asumir un rol opositor que lo debilite dentro de la coalición. La pelota queda, entonces, en la cancha de Kicillof. Si el gobernador activa la comisión, el massismo deberá definir si acompaña, se abstiene u opone. Cada una de esas opciones tiene costos. Acompañar implica avalar algo que ya rechazó públicamente. Oponerse significa tensar la interna con el sector que impulsa la reforma. Abstenerse es una salida posible pero políticamente incómoda. Lo que el episodio revela es la fragmentación real del peronismo bonaerense en torno a esta iniciativa. No hay unanimidad, no hay conducción clara e indiscutida, e incluso los actores que comparten coalición negocian públicamente sus límites. Eso debilita la posibilidad de que la reforma avance con solidez política, más allá de los votos que pudieran conseguirse en el recinto. Para Kicillof, habilitar el debate tiene un precio interno que todavía no parece estar dispuesto a pagar. Mantener el statu quo le evita el conflicto, pero también lo deja sin iniciativa política propia en un tema que, si prosperara, rediseñaría el mapa del poder provincial. La indefinición del gobernador es, en sí misma, una decisión con efectos concretos. El massismo, mientras tanto, construye su diferenciación sin romper filas. Es una estrategia de supervivencia dentro de una coalición en tensión: marcar distancia ideológica sin asumir costos de gestión. La pregunta que queda abierta es cuánto tiempo puede sostenerse esa postura si el debate finalmente se instala e impone definiciones binarias.
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