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| viernes, 6 de noviembre de 2026 |
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El presidente de la Corte presiona para cambiar cómo se eligen jueces
El presidente de la Corte Suprema advirtió que la calidad del Poder Judicial depende de su juez más débil, ante abogados clave del Consejo de la Magistratura.
Carlos Rosenkrantz volvió a instalar públicamente la necesidad de reformar el sistema de selección de jueces, esta vez ante el Colegio de Abogados de la Ciudad, un actor con peso institucional directo en el funcionamiento del Consejo de la Magistratura. La frase que eligió para sintetizar su postura —"la calidad del Poder Judicial depende de la calidad de su peor juez"— no es un dato técnico: es una advertencia política dirigida a quienes tienen la llave del cambio e históricamente no la han usado.
El escenario en el que Rosenkrantz eligió hablar no es neutro. Los abogados que integran el Colegio de la Ciudad participan activamente en el Consejo de la Magistratura, el organismo que selecciona e impugna jueces federales. Hablarles a ellos es hablarle al sistema desde adentro, con la incomodidad que eso implica para los destinatarios del mensaje.
La demora en el tratamiento de la reforma es el nudo político del asunto. Rosenkrantz no está improvisando: insiste. Esa reiteración pública revela que los canales institucionales no están produciendo resultados e indica que la Corte, u al menos su presidente, opta por la presión discursiva como herramienta ante la parálisis legislativa u política.
El Consejo de la Magistratura es uno de los organismos con mayor conflictividad institucional en la Argentina reciente. Disputado entre el oficialismo y la oposición, entre abogados, jueces y legisladores, su composición y funcionamiento han sido objeto de litigios judiciales, reformas truncas y negociaciones opacas. Reformar cómo se eligen los jueces implica alterar equilibrios de poder que múltiples sectores prefieren conservar.
La posición de Rosenkrantz instala una tensión concreta: la Corte Suprema, que en teoría corona el sistema judicial, señala públicamente que ese sistema tiene fallas estructurales en su base. Es una autocrítica institucional selectiva —apunta hacia abajo en la pirámide— pero también es una forma de deslindar responsabilidades ante el deterioro de la imagen del Poder Judicial.
El timing político tampoco es menor. Cuando un presidente de la Corte reitera un reclamo ante actores con poder de lobby y representación institucional, está eligiendo construir agenda. La reforma judicial tiene capacidad de movilizar a sectores del establishment legal y político, y Rosenkrantz parece buscar que esa presión se acumule hasta volverse imposible de ignorar.
Lo que está en juego, en definitiva, es quién decide quiénes serán los jueces de las próximas décadas. Esa definición no es técnica: es profundamente política. Y el hecho de que el debate siga demorado, pese a la insistencia pública del máximo referente del Poder Judicial, dice más sobre las resistencias del sistema que sobre la falta de propuestas.Más noticias de Datapolítica
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