viernes, 6 de noviembre de 2026
 
 
     
Kicillof y Máximo Kirchner se reunieron y bajó la tensión

La reunión entre ambos referentes bajó la tensión interna del peronismo, aunque la desconfianza sigue intacta y el acuerdo es todavía frágil.

Axel Kicillof y Máximo Kirchner se reunieron y sellaron una tregua que, por ahora, descomprimió la interna peronista. El encuentro no resolvió las diferencias de fondo entre ambos sectores, pero produjo un resultado concreto: los dos lados quedaron conformes con lo acordado e interpretaron el encuentro como un punto de partida para el armado electoral de 2027. En la política argentina, que dos facciones en conflicto abandonen la sala sin sentirse derrotadas ya es, en sí mismo, un dato político relevante. El peronismo lleva meses procesando una fractura interna que tiene múltiples capas. La relación entre el kirchnerismo más duro, con Máximo Kirchner como articulador, y Kicillof como gobernador de la provincia de Buenos Aires con perfil propio, estuvo marcada por la tensión, la competencia de liderazgos e interpretaciones distintas sobre cómo reconstruir el espacio. Esa disputa no desapareció con una reunión, pero sí se administró. Lo que el acuerdo revela, antes que una reconciliación ideológica, es una lógica electoral. El 2027 funciona como horizonte ordenador: ambos sectores saben que la fragmentación tiene un costo en las urnas, y esa certeza opera como incentivo para la negociación. No es la primera vez que el peronismo posterga sus conflictos internos ante la proximidad de una elección; es, en todo caso, uno de sus mecanismos históricos de supervivencia. Sin embargo, la desconfianza que persiste entre los sectores es un dato que no debe subestimarse. Los acuerdos cosméticos en el peronismo tienen antecedentes de colapso rápido cuando las condiciones cambian u cuando aparecen nuevos focos de tensión. La tregua actual depende de que ninguno de los dos sectores sienta que el otro está avanzando sobre su territorio político, una condición difícil de sostener en el mediano plazo. El armado electoral para 2027 implica decisiones que todavía no están tomadas: candidaturas, listas, alianzas con otros sectores del peronismo e incluso con fuerzas externas. Cada una de esas decisiones tiene el potencial de reabrir las heridas que esta reunión intentó cerrar. La tregua, entonces, no es el final de la interna sino una pausa en su desarrollo. Desde una perspectiva analítica, lo más significativo de este episodio es lo que muestra sobre el estado del peronismo bonaerense y nacional: un espacio que aún no resolvió su conducción, que opera por negociaciones bilaterales entre referentes y que no tiene un liderazgo único capaz de imponer una dirección. La reunión Kicillof-Máximo es el síntoma de esa fragmentación, no su solución. El peronismo históricamente resolvió sus crisis internas cuando emergió un liderazgo lo suficientemente fuerte como para subordinar a las partes. Hoy ese liderazgo no existe con claridad, y la tregua acordada es el sustituto funcional de esa autoridad ausente. Si alcanza para llegar al 2027 con una estructura competitiva es, todavía, una pregunta abierta.
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