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| jueves, 29 de octubre de 2026 |
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La CGT quedó afuera de la cumbre del PJ sobre el 2027
El peronismo se reunió sin los sindicatos para planear la estrategia electoral. La central obrera respondió con malestar público.
El Partido Justicialista celebró el 22 de octubre una cumbre de conducción para definir su hoja de ruta hacia 2027, con un acuerdo central: defender las PASO como mecanismo para dirimir candidaturas. Participaron los principales dirigentes partidarios. No hubo ningún representante sindical. La exclusión no fue un olvido: fue una señal política que la CGT leyó con claridad e interpretó como un desplante deliberado.
La central obrera respondió con una frase que circuló entre sus dirigentes y trascendió a la prensa: 'El peronismo no tiene dueños'. La expresión condensa una disputa histórica que el movimiento arrastra desde su fundación: quién conduce, quién legitima y quién tiene derecho a sentar posición en las decisiones estratégicas del espacio. Los sindicatos históricamente reclamaron ese lugar como propio, basándose en su peso orgánico y en su capacidad de movilización.
El acuerdo sobre las PASO tampoco es un dato menor. Defenderlas implica resistir cualquier intento de candidatura única o de conducción verticalista que evite la competencia interna. Para la CGT, ese debate tiene consecuencias directas: en un esquema de primarias abiertas, el peso electoral de las estructuras sindicales puede inclinar resultados. Quedar fuera de la discusión sobre las reglas del juego interno es quedar fuera del poder real.
El malestar gremial tiene antecedentes. La relación entre la conducción partidaria del PJ y la CGT atravesó ciclos de acercamiento y tensión a lo largo de los últimos años. Durante el gobierno de Alberto Fernández, los sindicatos mantuvieron una posición ambigua: respaldaron la gestión en lo formal, pero expresaron disconformidad con la política de ingresos y con la falta de consulta en decisiones económicas clave. El kirchnerismo más duro nunca procesó del todo esa independencia sindical.
Ahora, con el peronismo en la oposición y con la mirada puesta en la reconstrucción electoral, la pregunta sobre el modelo organizativo vuelve al centro. ¿Es el PJ el eje articulador o la CGT tiene un canal propio de representación política? La cumbre del 22 de octubre pareció responder esa pregunta en favor de los dirigentes partidarios, sin consultar a los gremiales.
La frase 'el peronismo no tiene dueños' es una advertencia, no una ruptura. La CGT no está en condiciones ni tiene voluntad de salirse del espacio peronista amplio. Pero sí está marcando que no va a aceptar un rol decorativo en la estrategia opositora. Su capacidad de daño hacia adentro —movilización, deslegitimación pública, freno a acuerdos— es un recurso que la conducción sindical sabe administrar con precisión.
El episodio revela una tensión estructural del peronismo: cada vez que el partido intenta ordenarse hacia afuera, choca con sus propias contradicciones internas. La CGT es parte del problema y también parte de cualquier solución posible. Ignorarla en una cumbre estratégica es ganar una discusión de corto plazo a costa de acumular un conflicto que, en el peronismo, siempre termina cobrándose.Más noticias de Datapolítica
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