martes, 27 de octubre de 2026
 
 
     
Pichetto: en 2027 ganará un político del sistema, no un outsider

El diputado descarta una nueva irrupción disruptiva y apuesta a una polarización entre Milei y un peronismo renovado de perfil productivo.

Miguel Ángel Pichetto, diputado nacional e histórico dirigente peronista, volvió a posicionarse como uno de los pocos referentes del sistema político dispuesto a hablar con claridad sobre el escenario electoral de 2027. Su diagnóstico central es contundente: la próxima elección presidencial no será terreno fértil para un candidato antisistema, sino para alguien con experiencia institucional e inserción en las estructuras del poder. El análisis tiene peso propio porque proviene de un actor que conoce desde adentro tanto el peronismo histórico como la experiencia de haber acompañado a Mauricio Macri en la fórmula de 2019. El contexto en que Pichetto formula esta lectura no es menor. La Argentina transita un ajuste económico de magnitud inédita en décadas, impulsado por el gobierno de Javier Milei. El impacto social de ese ajuste comienza a sedimentarse en el electorado, generando tensiones que históricamente en Argentina terminan reorganizando el mapa político. Pichetto reconoce ese impacto, pero no lo interpreta como una ventana para nuevas figuras disruptivas, sino como un terreno que favorece a quienes tienen estructura e historia. La hipótesis de una polarización entre Milei y un peronismo unificado bajo un modelo 'capitalista productivo' es el núcleo de la apuesta del diputado. Esa frase no es inocente: implica un peronismo que abandona la retórica redistributiva extrema e incorpora el lenguaje del desarrollo económico, buscando capturar al votante de clase media que se alejó del kirchnerismo pero que no termina de convencerse con el experimento libertario. El problema estructural de ese esquema es que el peronismo dista de estar unificado. Las disputas entre el kirchnerismo duro, los gobernadores del interior y las corrientes renovadoras no se resuelven con una definición programática. Pichetto habla de unidad como si fuera un dato, pero es en realidad el principal interrogante. Sin una figura con capacidad de condensar esas tensiones, el 'hombre del sistema' que él imagina sigue siendo una categoría vacía. Desde el ángulo analítico, lo más significativo del planteo de Pichetto es lo que descarta: la posibilidad de que un nuevo outsider repita el fenómeno Milei. Esa lectura supone que el ciclo de la política disruptiva ya cumplió su función e ingresó en una fase de desgaste. Es una hipótesis razonable, pero no automática. Depende de cuánto deterioro social acumule el gobierno libertario y de si el sistema político tradicional logra reconstruir credibilidad ante una sociedad que lo castigó duramente en 2023. El rol de Pichetto en este escenario también merece lectura. Su posicionamiento sistemático como analista moderado, crítico del kirchnerismo e interlocutor válido para sectores no peronistas, lo ubica como un posible articulador de la 'alternativa del sistema' que él mismo describe. No es un candidato, pero sí un constructor de marco interpretativo que puede influir en qué tipo de candidatura se considera legítima y viable dentro del peronismo renovado. En síntesis, el verdadero debate que abre Pichetto no es sobre 2027 sino sobre el presente: si el peronismo es capaz de reinventarse con una identidad programática coherente antes de que el ciclo electoral lo obligue a improvisar. La historia argentina sugiere que esa reinvención rara vez ocurre por convicción y casi siempre por necesidad. La pregunta es si esta vez la necesidad llegará a tiempo.