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| lunes, 26 de octubre de 2026 |
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La CGT quedó fuera del PJ y exige integración sindical
Gerardo Martínez reclamó integración sindical tras ser excluido del cónclave que reunió a Kicillof, Massa y Máximo Kirchner.
La reunión de conducción del Partido Justicialista dejó una fractura visible: la CGT no estuvo en la mesa y su líder Gerardo Martínez lo dijo en voz alta. El encuentro, encabezado por Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, excluyó a los sindicalistas y generó rispideces que revelan algo más profundo que un problema de logística: el peronismo discute quién tiene voz y quién no en la reconstrucción del espacio.
El gremialismo históricamente fue columna vertebral del peronismo. Esa centralidad, sin embargo, viene siendo disputada desde hace años por las corrientes político-territoriales y por las estructuras kirchneristas que priorizan la conducción partidaria por sobre la sindical. La exclusión de la CGT en este cónclave no fue un olvido: fue una señal de jerarquías.
Dentro del encuentro, según trascendió, hubo cuestionamientos directos a los sindicalistas. El dato es relevante porque invierte la lógica histórica: en el peronismo clásico, cuestionar a la CGT desde la política era una movida de alto costo. Hoy parece una posición tolerable, incluso cómoda para ciertos sectores.
Martínez reclamó integración de todos los sectores. El pedido suena razonable en términos formales, pero encubre una disputa de poder real: los gremios quieren participar de las decisiones estratégicas del bloque opositor, no solo ser convocados para movilizar bases cuando el calendario electoral lo exige.
Kicillof, Massa y Máximo Kirchner representan tres patas con tensiones propias entre sí. Que hayan coincidido en un cónclave sin la CGT sugiere que existe, al menos circunstancialmente, un acuerdo tácito sobre limitar la influencia sindical en la conducción política. Eso es una novedad que merece seguimiento.
El peronismo enfrenta un ciclo de recomposición sin liderazgo unificado. En ese vacío, cada actor empuja para ampliar su peso relativo. La CGT intenta no quedar reducida a herramienta de presión callejera. Los dirigentes políticos intentan no quedar rehenes de la agenda gremial. La tensión es estructural e irá en aumento a medida que se aproxime el ciclo electoral.
Lo que quedó expuesto en esta cumbre no es una anécdota de organización interna: es el mapa de poder real del peronismo en 2026, con sus fracturas, sus silencios y sus disputas no resueltas. La CGT reclamó su lugar. Si lo obtiene, o en qué condiciones, definirá buena parte de la dinámica opositora de los próximos meses.Más noticias de Datapolítica
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