domingo, 25 de octubre de 2026
 
 
     
Kicillof y Grabois mostraron acercamiento político en la UBA

El gobernador bonaerense y el dirigente social cerraron un foro en la UBA y mostraron un acercamiento político concreto frente al gobierno de Milei.

Axel Kicillof y Juan Grabois compartieron el cierre de un foro en la Universidad de Buenos Aires y enviaron una señal política que va más allá de la coincidencia académica. La aparición conjunta consolida un vínculo que el propio Grabois definió como la construcción de un camino común, e instala a ambos como referentes de un espacio peronista-progresista que busca articularse como alternativa electoral frente al gobierno de Javier Milei. El momento no es casual: el kirchnerismo atraviesa una reconfiguración interna profunda, y Kicillof emerge como uno de los pocos dirigentes con territorio, votos e independencia relativa de Cristina Fernández. El foro en la UBA no fue un evento menor. La elección del ámbito universitario es en sí misma un mensaje político: la universidad pública es uno de los escenarios donde el gobierno nacional acumula más desgaste, tras los recortes presupuestarios y el conflicto con los rectores. Kicillof y Grabois eligieron ese terreno para enunciar un programa alternativo centrado en tres ejes: desarrollo, distribución y soberanía. La tríada no es nueva en el peronismo, pero su enunciación en este contexto funciona como contraste directo con la política de ajuste del oficialismo. Grabois tiene una historia de vínculos tensos con distintos sectores del peronismo. Su relación con Cristina Fernández tuvo momentos de cercanía e instancias de fricciones públicas. Su acercamiento a Kicillof sugiere una apuesta por el ala del movimiento que se posiciona con mayor autonomía respecto de la conducción histórica. Para Grabois, que lidera el Movimiento de Trabajadores Excluidos y tiene llegada a sectores populares organizados, la alianza con el gobernador bonaerense le da escala institucional. Para Kicillof, la foto con Grabois también tiene un valor estratégico preciso. El gobernador necesita construir una identidad política propia que lo diferencie tanto del gobierno nacional como de las disputas internas del peronismo. Incorporar a un dirigente con perfil social fuerte y discurso anticorporativo le permite ampliar su base de sustentación más allá del aparato partidario tradicional. En la provincia de Buenos Aires, donde Kicillof busca consolidar su liderazgo, esa diversidad de apoyos es un activo. El llamado a construir una alternativa política tiene como horizonte implícito las elecciones legislativas de 2025 y las presidenciales de 2027. El peronismo lleva más de dos años en oposición y aún no logró articular una propuesta unificada. La fragmentación entre el kirchnerismo duro, los gobernadores peronistas moderados y los movimientos sociales es uno de los principales obstáculos para competir con eficacia. La alianza Kicillof-Grabois es un intento de sutura, pero también una apuesta de poder dentro del propio espacio. Las críticas al gobierno de Milei que ambos dirigentes formularon en el foro siguen una lógica compartida: cuestionar el modelo de ajuste desde una perspectiva que combina el argumento económico con el social. Esa convergencia ideológica es el cemento de la alianza. Sin embargo, la solidez del vínculo se medirá en las decisiones concretas que ambos tomen de cara al ciclo electoral: candidaturas, alianzas territoriales y definiciones programáticas que hoy todavía permanecen abiertas. El peronismo tiene experiencia histórica en mostrar unidad en los momentos de oposición y fragmentarse ante las definiciones. La imagen de Kicillof y Grabois en la UBA es una foto potente, pero la política argentina exige algo más que fotografías: exige estructura, acuerdos y la capacidad de sostener las coincidencias cuando aparezcan las primeras presiones. Ese es el desafío real que el acto de hoy deja planteado.