lunes, 26 de octubre de 2026
 
 
     
Kicillof: la reelección de Lula frena el avance ultraderechista

El gobernador bonaerense ve en la reelección del líder brasileño un freno al avance ultraderechista que condiciona la política argentina.

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil no fue solo una elección extranjera: fue una variable que reorganiza el escenario político regional e impacta directamente sobre las condiciones en las que la Argentina de Javier Milei deberá desenvolverse en los próximos años. Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, lo leyó en esos términos e hizo explícito lo que buena parte del kirchnerismo pensaba en voz baja: que el resultado brasileño es también una derrota simbólica del proyecto político que encarna el presidente argentino. El gobernador bonaerense subrayó que si Brasil hubiese quedado en manos de la ultraderecha bolsonarista, el contexto para la Argentina de 2027 habría sido radicalmente distinto. La afirmación no es menor: Brasil es el principal socio comercial argentino e integra el Mercosur, bloque que Milei ha cuestionado en reiteradas oportunidades. Un Brasil alineado con Bolsonaro habría reforzado el eje ultraderechista en el Cono Sur e incrementado la presión sobre los gobiernos progresistas de la región. La lectura de Kicillof tiene una doble dimensión. Por un lado, es una disputa discursiva interna: en el marco de sus tensiones con la conducción nacional del kirchnerismo, el gobernador aprovecha cada coyuntura internacional para posicionarse como referente de un peronismo con mirada regional e ideología clara. Por otro lado, es una lectura geopolítica genuina: la correlación de fuerzas en América Latina incide sobre la capacidad de negociación argentina frente a organismos internacionales e inversores. El triunfo de Lula consolida un bloque de gobiernos de centroizquierda e izquierda que incluye a Chile, Colombia, México y Bolivia. Ese bloque no es homogéneo ni actúa de manera coordinada, pero genera un clima político regional que dificulta el aislamiento de las fuerzas opositoras a Milei. Para el peronismo, ese contexto es oxígeno: la narrativa de que el ajuste mileísta es una anomalía regional gana sustento cuando el vecino más grande elige el camino contrario. Desde el gobierno nacional, la victoria de Lula fue recibida con incomodidad. Milei tiene con el líder brasileño una relación áspera, marcada por cruces públicos e insultos mutuos. La reelección del PT en Brasil implica que el principal interlocutor regional de Argentina seguirá siendo un mandatario con quien el presidente argentino tiene nula sintonía e historial de conflictos diplomáticos. Eso complica la agenda comercial y la coordinación en bloques multilaterales. El uso político que hace Kicillof del resultado brasileño también revela el estado interno del peronismo. En un momento en que la oposición busca rearticularse de cara a 2027, la referencia a Lula como modelo funciona como brújula ideológica: el peronismo que Kicillof reivindica es el que gana elecciones con propuestas redistributivas y sin abandonar el eje Estado-mercado. Es una disputa sutil pero concreta contra las corrientes que proponen un peronismo más moderado u dialoguista con el establishment. El dato concreto es este: Brasil eligió y Argentina observa. La política exterior de Milei apuesta a una alianza con Estados Unidos e Israel, alejándose del regionalismo latinoamericano. La reelección de Lula profundiza esa brecha y deja al gobierno argentino más solo en el continente. Para Kicillof, esa soledad es un argumento electoral. Para Milei, es el precio de una convicción ideológica. La tensión entre ambas lecturas define, en buena medida, el debate político que viene.