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| viernes, 23 de octubre de 2026 |
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El peronismo ante su propia herejía: depurar o fragmentarse
Las declaraciones de Teresa García sobre Scioli y otros 'pseudocompañeros' exponen una crisis de identidad que el PJ ya no puede postergar.
El peronismo enfrenta una de sus tensiones internas más agudas en años: la convivencia cada vez más insostenible entre dirigentes históricos del espacio y figuras que optaron por respaldar abiertamente al gobierno de Javier Milei. Teresa García, diputada nacional y referente del peronismo bonaerense, puso en palabras lo que muchos en el movimiento piensan pero evitan decir: en algún momento el partido deberá tomar una decisión sobre quienes abrazan al adversario ideológico sin renunciar a la identidad peronista.
El caso de Daniel Scioli resulta paradigmático e hiriente para el espacio. Fue candidato presidencial del peronismo en 2015, enfrentó a Macri en el ballottage más polarizante de la historia reciente, y hoy prodiga elogios al gobierno de La Libertad Avanza con una fluidez que incomoda incluso a quienes lo defendieron durante décadas. Su figura encarna la contradicción máxima: la legitimidad histórica acumulada dentro del movimiento usada como plataforma para transitar hacia otro proyecto político sin asumir el costo de la ruptura formal.
Este fenómeno no es nuevo en el peronismo, pero adquiere una dimensión cualitativamente distinta en el contexto actual. El movimiento atraviesa su peor momento electoral desde la recuperación democrática, sin conducción nacional unificada, sin candidato presidencial consolidado y con un Congreso donde su bloque negocia caso a caso con el oficialismo. En ese marco, la permanencia de figuras que legitiman al gobierno desde adentro del espacio opera como un ruido identitario que dificulta cualquier rearticulación opositora.
La tensión que García verbaliza remite a una pregunta estructural: ¿tiene el peronismo mecanismos reales de disciplinamiento ideológico u orgánico? Históricamente, el movimiento procesó sus crisis internas apelando a la figura del líder o a la presión electoral. Sin Kirchner, sin Perón, sin una conducción que tenga autoridad reconocida por todos los sectores, los instrumentos de cohesión se debilitan. La amenaza de expulsión o de "decisión partidaria" suena más a deseo que a capacidad real de ejecución.
Hay además una dimensión electoral que el análisis no puede ignorar. Con las legislativas de 2025 ya en el horizonte, cada dirigente peronista que se muestra cerca de Milei erosiona la diferenciación que el espacio necesita construir para recuperar votos. El electorado que el peronismo perdió hacia La Libertad Avanza no regresará si percibe que referentes del propio movimiento avalan las políticas del gobierno. La lógica de la supervivencia individual de cada dirigente colisiona así con la lógica de reconstrucción colectiva del espacio.
El debate sobre los "pseudocompañeros" tiene también una lectura hacia adentro del kirchnerismo.Más noticias de Datapolítica
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