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| jueves, 22 de octubre de 2026 |
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El papa verá un país más pobre que el que describe Milei
El referente de personas con discapacidad cuestionó los datos oficiales y alertó sobre el deterioro social que el gobierno nacional minimiza.
Pablo Molero, presidente del Foro Permanente para la Promoción y Defensa de los Derechos de las Personas con Discapacidad, lanzó una advertencia política de peso: la visita del papa Francisco a la Argentina expondrá ante el mundo una realidad social que el gobierno de Javier Milei sistemáticamente niega u oculta detrás de estadísticas que, según Molero, no reflejan lo que viven las familias en los barrios. La declaración no es un dato menor: coloca a la Iglesia Católica —u al menos a sectores significativos de ella— en una posición crítica frente al relato oficial sobre el éxito del ajuste.
El contexto en el que emerge esta disputa es el de un gobierno que construyó buena parte de su legitimidad sobre la promesa de destruir la inflación e iniciar una recuperación económica. Milei y su equipo presentan indicadores de estabilización monetaria como prueba de que el rumbo es correcto, mientras minimizan u desestiman las mediciones de pobreza que organismos independientes y universidades nacionales siguen produciendo con datos que contradicen esa narrativa.
Lo que Molero introduce en el debate es un actor externo de enorme peso simbólico: el papa. Francisco no es un observador neutral. Es argentino, conoce la realidad del país, e históricamente ha sido una voz incómoda para los gobiernos que aplican ajustes sobre los sectores más vulnerables. Su eventual visita no sería una foto protocolar sino un evento con capacidad real de reencuadrar el debate sobre la situación social ante una audiencia global.
La disputa por los datos de pobreza tiene en Argentina una historia larga y conflictiva. Desde la intervención del INDEC durante el kirchnerismo hasta las distintas metodologías aplicadas por gobiernos sucesivos, las cifras oficiales siempre fueron objeto de desconfianza. El gobierno actual enfrenta una versión actualizada de ese problema: organismos como la UCA u el CEIL-CONICET publican mediciones que duplican u triplican los porcentajes que reconoce el Estado.
El sector de la discapacidad, que Molero representa, es uno de los más golpeados por las políticas de ajuste del gobierno libertario. Los recortes al ANDIS, la reducción de transferencias a organismos de atención y la caída del poder adquisitivo de las prestaciones colocaron a este colectivo en una situación de emergencia que el Estado no reconoce oficialmente. Esa experiencia concreta es la que da credibilidad a la advertencia de Molero: no habla en abstracto sino desde la gestión cotidiana de una crisis.
Políticamente, la declaración abre una grieta en el escenario que el oficialismo preferiría evitar. Milei tiene una relación ambivalente con la Iglesia: la confrontó en campaña y mantiene distancia de su jerarquía, pero una visita papal en medio de un cuadro de pobreza documentada sería un golpe de imagen difícil de administrar. La oposición, dispersa y sin conducción clara, podría encontrar en la voz eclesiástica un amplificador para sus propios cuestionamientos al modelo.
En definitiva, lo que está en juego no es solo una discusión técnica sobre indicadores sociales. Es una batalla por la narrativa del país real: si Argentina está saliendo de la crisis gracias al ajuste u si el costo humano de ese ajuste es tan profundo que ninguna estadística oficial puede ocultarlo. El papa, si llega, será un testigo incómodo. E eso, en política, tiene consecuencias.Más noticias de Datapolítica
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