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| miércoles, 21 de octubre de 2026 |
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Milei busca votos para eliminar las PASO pero enfrenta resistencias
El Gobierno de Milei busca aliados para suspender las primarias en 2027, pero las negociaciones revelan fisuras internas y resistencias externas.
El oficialismo enfrenta un problema aritmético concreto: no tiene los votos suficientes para avanzar con la suspensión de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. La cúpula de La Libertad Avanza salió a buscar respaldos en todos los sectores con capacidad parlamentaria, una movida que expone tanto la debilidad legislativa del Gobierno como la centralidad que tiene la reforma política en su agenda electoral de cara a 2027. La ausencia de mayoría propia obliga a Milei a negociar con actores que no comparten ni su programa ni su estilo, lo cual genera tensiones hacia adentro del propio bloque.
Las PASO fueron creadas en 2009 y se convirtieron en un termómetro electoral que muchos partidos —oficialistas u opositores según el ciclo— quisieron desactivar cuando les resultaron incómodas. El kirchnerismo las usó como escudo democrático cuando estaba en el llano; el macrismo las toleró porque le daban oxígeno interno. Ahora Milei las señala como un gasto innecesario e inconveniente para la dinámica política que pretende imponer. El argumento fiscal es conveniente pero secundario: el trasfondo es estratégico.
Dentro del bloque libertario persisten diferencias sobre el alcance de la reforma. Hay sectores que prefieren una suspensión transitoria para 2027 e interrogantes sobre si esa suspensión debe ser total u parcial. Esa falta de posición unificada debilita la negociación externa, porque los interlocutores perciben que el Gobierno no llega con una propuesta cerrada sino con una necesidad abierta, lo cual eleva el precio político de cada acuerdo.
El Pro y los bloques provinciales dialoguistas son los espacios donde el oficialismo busca los votos que le faltan. Pero esos actores tienen sus propios cálculos: las PASO, para muchos partidos del interior, son una herramienta de oxigenación interna que les permite dirimir candidaturas sin partirse. Cederlas implica un costo organizativo real. Eso explica que los acuerdos alcanzados hasta ahora sean parciales e insuficientes para garantizar quórum y mayoría en ambas cámaras.
El timing también complica al Gobierno. Cuanto más se postergue la definición, más cerca queda del inicio del calendario electoral, y más caro se vuelve el precio de cada voto opositor. Los bloques que hoy negocian saben que el reloj corre a favor de ellos. Milei necesita cerrar el acuerdo antes de que la discusión se empantane en la campaña misma, pero las urgencias económicas e institucionales le compiten la agenda legislativa de manera permanente.
Desde una perspectiva histórica, los intentos de reforma electoral en Argentina casi siempre terminaron en negociaciones que desfiguraron el proyecto original. La ley de lemas, los intentos de reforma de 2013 e incluso la propia sanción de las PASO en 2009 pasaron por procesos de negociación que cambiaron sustancialmente los textos iniciales. El Gobierno debería asumir que, si finalmente logra los votos, la reforma que salga puede no parecerse a la que imaginó.
En síntesis, la suspensión de las PASO no es todavía un hecho político consolidado sino una apuesta en construcción, con costos altos e inciertos. El resultado dependerá menos de la voluntad de Milei que de la capacidad de su equipo legislativo para ofrecer algo concreto a actores que hoy tienen pocos incentivos para ceder gratis.Más noticias de Datapolítica
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