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| jueves, 22 de octubre de 2026 |
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Lorenzetti alerta sobre algoritmos que amplifican el odio
El juez de la Corte Suprema analizó cómo las redes sociales amplifican discursos discriminatorios y qué puede hacer el derecho al respecto.
Ricardo Lorenzetti, ministro de la Corte Suprema de Justicia, expuso ante la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) una tesis que va más allá del antisemitismo digital: los algoritmos de las redes sociales no solo reflejan el odio social, sino que lo fabrican e intensifican. La conferencia, titulada "Discursos de Odio, Inteligencia Artificial y Redes Sociales", colocó a uno de los jueces más influyentes del país en el centro de un debate que la política argentina todavía no asume con seriedad.
El contexto no es menor. Lorenzetti habló en un momento en que el ecosistema digital argentino está atravesado por campañas de hostigamiento, cuentas anónimas coordinadas e instrumentalización política del insulto. El juez eligió una plataforma institucional vinculada a la comunidad judía, históricamente blanco de discursos de odio, para enmarcar una discusión que tiene alcance universal.
La frase central de su exposición condensa el problema con precisión incómoda: la inteligencia humana se parece cada vez más a la artificial. No es una metáfora decorativa. Es una hipótesis sobre cómo el consumo masivo de contenido algorítmico reconfigura los patrones de razonamiento, empatía y tolerancia. Los usuarios no solo reciben odio: aprenden a producirlo en los formatos que el sistema premia con más alcance e interacción.
Desde una perspectiva analítica, la intervención de Lorenzetti tiene una dimensión política que el formato académico tiende a disimular. La Corte Suprema es hoy un actor central en la disputa entre el Ejecutivo y los poderes que intentan conservar autonomía institucional. Que Lorenzetti elija hablar de regulación de plataformas e inteligencia artificial no es inocente: implica que el Poder Judicial observa un vacío normativo que el Congreso no está llenando.
El derecho, señaló el juez, ofrece herramientas para prevenir la discriminación. Pero esas herramientas fueron diseñadas en otro contexto tecnológico. La velocidad de propagación de un discurso de odio en redes supera ampliamente los tiempos de cualquier proceso judicial. Esa brecha entre la lógica jurídica y la lógica algorítmica es el nudo del problema que Lorenzetti identificó, sin que la exposición haya ofrecido —según el resumen disponible— una solución concreta más allá del diagnóstico.
La ausencia de respuesta legislativa en Argentina sobre regulación de plataformas digitales es llamativa frente al avance de marcos normativos en Europa y otros países de la región. El debate local sigue capturado por los intereses de los propios actores políticos que más se benefician del odio como herramienta de movilización. En ese escenario, que un juez de la Corte instale el tema con lenguaje técnico e institucional tiene valor político propio, independientemente de sus motivaciones.
Lo que Lorenzetti dejó planteado, en definitiva, es una pregunta que la dirigencia argentina elude: si los algoritmos degradan la deliberación democrática y el Estado no interviene, ¿quién protege el espacio público digital? La respuesta, por ahora, la están dando las plataformas privadas según sus propios criterios comerciales. Eso debería ser suficiente para que el tema escale en la agenda política. Hasta ahora, no lo fue.Más noticias de Datapolítica
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