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| sábado, 7 de noviembre de 2026 |
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Nahuel Sotelo pide no politizar la visita del papa León XIV
El diputado bonaerense de La Libertad Avanza llamó a escuchar al pontífice desde su dimensión religiosa, alejado de las disputas partidarias.
Un legislador de La Libertad Avanza salió a marcar una posición incómoda para su propio espacio: Nahuel Sotelo, diputado bonaerense del partido gobernante, reclamó públicamente que la visita del papa León XIV no sea utilizada como munición política por ningún sector. La declaración tiene peso propio en un contexto donde el vínculo entre el Gobierno nacional e instituciones religiosas atraviesa tensiones acumuladas, e instala una señal de distancia interna dentro del bloque libertario respecto a cómo procesar simbólicamente la llegada del pontífice.
La Libertad Avanza construyó buena parte de su identidad política en la confrontación cultural con figuras e instituciones del establishment tradicional. La Iglesia Católica, en ese esquema, ocupó históricamente un lugar ambiguo: fuente de legitimidad para sectores conservadores que el partido necesita, pero también blanco de críticas desde el liberalismo más duro que nutre al movimiento. Que un legislador del espacio pida explícitamente no hacer lecturas partidarias del mensaje papal revela esa tensión interna sin resolución.
La apelación a separar lo religioso de lo político es, en sí misma, una operación política. Sotelo no habla desde afuera del juego: es parte de un bloque legislativo cuyo liderazgo nacional tiene historial de rispideces con sectores vinculados a la Iglesia. Pedir que el mensaje del papa se escuche en clave espiritual equivale a blindarlo de una disputa que, de abrirse, podría perjudicar al oficialismo tanto u más que a la oposición.
La oposición, por su parte, tiene incentivos propios para apropiarse del mensaje pontificio si este contiene referencias a la pobreza, la desigualdad u otras condiciones sociales que el peronismo y sus aliados suelen capitalizar electoralmente. En ese escenario, el pedido de Sotelo funciona como un cerco preventivo: si el papa habla de los más vulnerables, que nadie lo use como argumento contra el Gobierno.
El episodio también expone una fractura más profunda dentro del universo libertario entre sus alas más confrontativas e ideológicas, y los sectores que priorizan la gestión y la construcción de consensos más amplios. Sotelo, con su postura moderada, parece ubicarse en el segundo grupo. Esa diferenciación interna, discreta por ahora, podría volverse relevante a medida que el ciclo político avance y las definiciones se vuelvan más exigentes.
Históricamente, las visitas papales a la Argentina u los mensajes del Vaticano funcionaron como espejos en los que cada fuerza política buscó reflejarse favorablemente. Ningún gobierno ni ninguna oposición resistió la tentación de apropiarse del capital simbólico que genera la figura pontificia. Que un legislador oficialista pida romper esa dinámica antes de que ocurra sugiere que el oficialismo calcula un riesgo real de salir perdiendo en esa disputa de simbolismos.
En definitiva, el llamado a la mesura de Sotelo dice menos sobre religión y más sobre la fragilidad del relato político del espacio gobernante frente a una figura de autoridad moral que no controla y que no puede silenciar. La visita del papa León XIV llega en un momento en que el Gobierno necesita ampliar su base de legitimidad social, y cualquier mensaje que cuestione sus políticas desde el púlpito tiene potencial disruptivo. La neutralidad que pide Sotelo es, en ese sentido, la mejor defensa disponible.Más noticias de Datapolítica
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