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| viernes, 6 de noviembre de 2026 |
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La visita del Papa tapa las peleas internas del Gobierno
Mientras el país prepara la llegada del pontífice, Milei acumula conflictos con Bullrich, negociaciones pendientes en el Congreso y una crisis abierta en el PRO.
La Argentina recibe al Papa en un momento en que el Gobierno de Javier Milei atraviesa una acumulación simultánea de tensiones internas que la coyuntura religiosa, temporalmente, obliga a poner en pausa. La visita pontificia funciona como un paréntesis institucional que congela disputas, pero no las resuelve: el sistema político llega al momento con fracturas visibles en la coalición gobernante, el Congreso detenido y una pelea abierta dentro del PRO que ya tiene cara y nombre.
El vínculo entre Milei y Patricia Bullrich vuelve a crujir. Las tensiones entre el Presidente y la ex ministra de Seguridad no son nuevas, pero cada nuevo contrapunto agrava la lectura sobre la solidez del espacio oficialista. Bullrich ocupa un lugar incómodo: fue parte del gobierno, construyó capital político propio y hoy genera rispideces que el Ejecutivo no logra neutralizar. Cada desacuerdo público entre ambos alimenta la percepción de un oficialismo que administra fricciones en lugar de suprimirlas.
El faltazo de Mauricio Macri a la misa en el Monumento a los Españoles condensa, en un solo gesto, el estado de situación del PRO. No asistir a un acto de semejante visibilidad pública e institucional es una señal política difícil de leer como casual. La pelea entre los Macri escala e instala una incertidumbre concreta sobre el futuro del partido: si el fundador del PRO se desentiende de los actos del Gobierno con el que selló una alianza, el interrogante sobre hacia dónde va ese espacio político se vuelve urgente.
El Congreso, por su parte, llega a esta pausa obligada con negociaciones pendientes que no desaparecen por la visita del pontífice. El palacio legislativo acumula temas irresueltos que esperan al sistema político en cuanto termine el intervalo. La lógica del Gobierno ha sido la de administrar los tiempos parlamentarios con la presión de la coyuntura, pero esa estrategia tiene un límite: los temas postergados no se resuelven solos.
Karina Milei, que coordina los preparativos de la visita, ocupa en este escenario un rol que excede lo logístico. Su protagonismo en la organización del evento papal refuerza su posición como figura central del armado político del Gobierno, en un momento en que las tensiones internas exigen un centro de gravedad claro. La visita del Papa le da a Karina Milei una plataforma de visibilidad institucional que, en términos de construcción de poder interno, no es menor.
La tregua que impone la llegada del pontífice es real pero efímera. El sistema político argentino tiene una larga historia de usar los grandes eventos para suspender momentáneamente sus conflictos sin procesarlos. Cuando el intervalo termina, las disputas regresan con la misma intensidad u, en muchos casos, con mayor virulencia. El Gobierno de Milei enfrenta ese riesgo: la pausa no genera consenso, solo desplaza el momento del choque.
El cuadro que emerge es el de un oficialismo que llega a un momento de alta exposición pública con sus costuras a la vista. Las tensiones con Bullrich, la actitud de Macri y el Congreso paralizado configuran un escenario de fragilidad política que el fervor de la visita papal puede atenuar en la superficie, pero no corregir en el fondo. Lo que el Papa encuentra al llegar es una Argentina donde el Gobierno gobierna, pero donde las coaliciones que lo sostienen muestran señales de desgaste que ya no son fáciles de disimular.Más noticias de Datapolítica
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