  |
| jueves, 5 de noviembre de 2026 |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
Emir Félix se quedó con el PJ de Mendoza y La Cámpora quedó marginada
El peronismo mendocino renovó conducción: Félix suma dos años más al frente del partido, con respaldo de intendentes y sin espacio para Fernández Sagasti.
El Partido Justicialista de Mendoza cerró su proceso de renovación interna con un resultado que consolida a Emir Félix como conductor del peronismo provincial por dos años más e instala a La Cámpora en un lugar de marginalidad orgánica. La agrupación liderada localmente por Anabel Fernández Sagasti quedó fuera de cualquier influencia real sobre la estructura partidaria. El hecho no es un dato menor: Mendoza es uno de los distritos donde el peronismo tiene más chances de competir en elecciones generales, lo que convierte esta disputa interna en algo con consecuencias electorales concretas.
La clave del resultado estuvo en el apoyo de los intendentes. Ese bloque de poder territorial, que históricamente actúa con lógica propia y prioriza la gestión sobre la identidad ideológica, se alineó detrás de Félix y definió la correlación de fuerzas. Sin los municipios, La Cámpora no tuvo masa crítica para disputar la conducción ni para negociar posiciones dentro del partido. Es una derrota que va más allá de lo orgánico: implica que el kirchnerismo duro perdió el control de una pieza provincial relevante.
El corrimiento de La Cámpora en Mendoza se inscribe en un proceso más amplio de reconfiguración del peronismo a nivel nacional. Las tensiones entre el sector vinculado al kirchnerismo y los sectores territoriales que buscan mayor autonomía no son nuevas, pero se intensificaron en el ciclo poselectoral. En ese marco, cada provincia donde se renueva conducción justicialista se convierte en un termómetro de quién tiene poder real y quién solo tiene representación simbólica.
Para Fernández Sagasti, el resultado es un golpe político de peso. Su influencia en Mendoza dependía en parte de mantener presencia en la estructura del PJ provincial. Sin ese anclaje institucional, su capacidad de articular fuerzas, negociar candidaturas e incidir en la estrategia electoral queda reducida. La dirigencia camporista mendocina deberá redefinir su rol: si opera como oposición interna, como fuerza extraparlamentaria o si busca una recomposición con la conducción de Félix en términos que todavía no están claros.
Desde la perspectiva de Félix, la renovación de su mandato con respaldo intendencial representa una legitimidad doble: la formal del partido y la territorial de quienes administran el Estado en los municipios. Esa combinación es la que históricamente define el poder real dentro del peronismo. No alcanza con tener militancia activa o visibilidad mediática si los intendentes miran hacia otro lado. Félix lo sabe, y esa es exactamente la base sobre la que construyó su posición.
El impacto sobre la unidad del peronismo mendocino es, por ahora, negativo. Un partido que llega a un ciclo electoral con sus sectores internos enfrentados y sin mecanismos de integración acordados tiene menos capacidad de competir. La pregunta que abre este resultado es si La Cámpora aceptará un rol subordinado dentro del partido o si optará por una lógica de confrontación que fragmente aún más al espacio. Ninguna de las dos opciones es cómoda para quien aspire a gobernar la provincia.
Mendoza es un distrito donde el peronismo perdió poder ejecutivo hace varios ciclos y donde la oposición interna entre sus propios sectores ha sido un factor de debilitamiento recurrente. Este nuevo episodio confirma que la unidad justicialista sigue siendo una aspiración antes que una realidad operativa. Con la conducción resuelta pero la fractura visible, el PJ mendocino entra al próximo período con una estructura definida y una cohesión que todavía está por construirse.Más noticias de Datapolítica
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
| |
|
|