jueves, 5 de noviembre de 2026
 
 
     
Zamora acusa a Massa y al kirchnerismo de frenar la renovación del PJ

El intendente de Tigre denuncia un pacto para bloquear a Kicillof y no descarta armar un partido propio.

El intendente de Tigre, Julio Zamora, lanzó una denuncia política de alto voltaje: kirchnerismo y Sergio Massa conforman una alianza para impedir la renovación interna del peronismo y bloquear el ascenso de Axel Kicillof como referente del espacio. La declaración no es un dato menor. Zamora es uno de los dirigentes que más abiertamente viene cuestionando la conducción del PJ bonaerense, y su posicionamiento anticipa una fractura que el peronismo todavía no terminó de procesar. El contexto es el de un partido que perdió el gobierno nacional y no encontró hasta ahora un relevo de liderazgo convincente. La falta de autocrítica que señala Zamora no es un diagnóstico nuevo, pero adquiere otro peso cuando viene de un intendente con territorio propio y voluntad de competir. El peronismo históricamente resolvió sus crisis internas posponiéndolas; esta vez, la presión de distintos sectores hace más difícil ese esquema. La figura de Kicillof aparece en el centro del tablero interno. Zamora lo menciona como alguien cuyas posibilidades están siendo deliberadamente 'horadadas' por el acuerdo entre el massismo y el kirchnerismo. Eso implica que dos fuerzas que compitieron entre sí durante años encontrarían en el gobernador bonaerense un adversario común, lo cual reorganiza las lealtades internas de manera significativa. La hipótesis de Zamora sobre esa alianza tiene lógica estructural. Tanto el kirchnerismo como Massa necesitan controlar la sucesión de poder dentro del PJ para preservar sus espacios. Un peronismo renovado con Kicillof al frente los desplazaría a ambos de posiciones centrales. La coincidencia de intereses no requiere un acuerdo explícito para operar con eficacia. Lo más disruptivo de las declaraciones del intendente de Tigre es la mención a la posibilidad de competir con un partido propio. Esa amenaza, aunque no sea inminente, instala una presión concreta sobre la conducción del PJ. En la historia del peronismo, las escisiones formales fueron siempre costosas; pero la sola enunciación de esa alternativa ya modifica las negociaciones internas. El peronismo enfrenta así una paradoja: necesita renovarse para ser competitivo electoralmente, pero los actores con más poder de veto dentro del partido son exactamente quienes tienen más que perder con esa renovación. Zamora pone en palabras una tensión que otros dirigentes evitan nombrar, y eso lo posiciona como voz incómoda pero con capacidad de instalar agenda. El desafío real es si esta denuncia se traduce en construcción política o queda como gesto de diferenciación sin respaldo orgánico. El PJ bonaerense tiene una historia larga de disidencias que no llegaron a cuajar. Zamora deberá demostrar que su crítica viene acompañada de una estrategia de poder concreta, o corre el riesgo de quedar como un actor marginal dentro de un espacio que, pese a todo, sigue siendo el principal de la oposición argentina.
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