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| sábado, 31 de octubre de 2026 |
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Bullrich festeja la ley de inversiones aprobada en el Senado
La ministra de Seguridad celebró el RIIR como señal para inversores, pero el debate político sobre sus alcances recién emienza.
El Senado aprobó el Régimen de Incentivo a las Inversiones Relevantes (RIIR) y la ministra Patricia Bullrich salió a celebrarlo públicamente como un logro del gobierno de Javier Milei. La declaración de Bullrich no es un dato menor: la ministra de Seguridad, con escaso rol formal en política económica, se posiciona como vocera del éxito legislativo, lo que revela tanto la dinámica interna del oficialismo como la necesidad de amplificar el mensaje hacia afuera. El significado político de la aprobación va más allá del contenido técnico de la norma.
El RIIR es un esquema que busca atraer inversiones de gran escala mediante beneficios fiscales y estabilidad jurídica por plazos extendidos. El gobierno lo presenta como un puente entre el ajuste macroeconómico en curso y una etapa de crecimiento genuino. La lógica oficial es lineal: menos gasto, más confianza, más inversión. Pero esa cadena tiene eslabones débiles que el entusiasmo de Bullrich no alcanza a disimular.
La aprobación en el Senado implicó negociaciones con bloques provinciales que el oficialismo no controla de manera directa. Eso tiene un costo político que todavía no está completamente visible: concesiones, compromisos e interpretaciones divergentes sobre cómo se aplicará el régimen en cada jurisdicción. El texto aprobado no es exactamente el que el Ejecutivo diseñó en su versión original.
El rol de Bullrich como celebrante tiene una lectura electoral clara. La ministra mantiene su perfil público activo e intacto, diferenciándose de otros funcionarios que quedaron asociados a los costos del ajuste. Festejar una ley de inversiones le permite correrse del terreno de la seguridad, donde los resultados son más difíciles de mostrar, e instalarse en el de las promesas de prosperidad futura.
El problema central del RIIR es que sus efectos son diferidos. La promesa de inversiones y oportunidades de crecimiento que mencionó Bullrich opera en un horizonte temporal que excede el ciclo electoral inmediato. Mientras tanto, la economía cotidiana de los argentinos sigue procesando el impacto del ajuste. Ese desfasaje entre promesa e impacto real es el terreno donde la oposición puede instalar su contrarelato.
La oposición, fragmentada e inconducente en este período, no logró articular una crítica técnica sólida al RIIR durante el debate. Eso le dio al oficialismo un triunfo casi sin costo en términos de desgaste. Pero la ausencia de debate robusto también significa que la sociedad no procesó los riesgos reales del esquema: qué sectores se benefician, qué garantías tiene el Estado y qué pasa si los inversores no llegan.
En términos históricos, la Argentina tiene una larga cadena de regímenes de promoción de inversiones que prometieron transformaciones estructurales y terminaron siendo capturados por intereses sectoriales u operaron por debajo de las expectativas. El RIIR no está blindado contra ese destino. La celebración de Bullrich es políticamente comprensible, pero el verdadero test del régimen llegará cuando haya que mostrar proyectos concretos, desembolsos reales e impacto en el empleo.Más noticias de Datapolítica
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