sábado, 31 de octubre de 2026
 
 
     
Máximo Kirchner cuestiona el RIGI y desafía a gobernadores peronistas

El jefe de La Cámpora apunta contra el régimen de inversiones de Milei y cruza a aliados como Jalil por respaldar la ley.

Máximo Kirchner volvió a posicionarse públicamente contra el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) e intensificó su enfrentamiento con los gobernadores peronistas que apoyaron la medida. El diputado e hijo de la ex presidenta no cuestiona que las inversiones generen producción, sino, en sus propias palabras, 'el por qué y para qué' de ese esquema. La distinción no es menor: expresa una disputa de fondo dentro del peronismo sobre quién define el modelo de desarrollo e integración al mundo. El RIGI fue uno de los ejes centrales de la Ley de Bases que Milei impulsó en 2024. El régimen otorga beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios extraordinarios a inversiones superiores a 200 millones de dólares en sectores estratégicos como minería, hidrocarburos e infraestructura. Varios gobernadores del PJ —entre ellos Raúl Jalil de Catamarca— lo respaldaron con el argumento de que sus provincias necesitan inversión privada que el Estado nacional no puede proveer. Esa decisión fracturó la unidad opositora y le dio oxígeno parlamentario al oficialismo. El mensaje de Kirchner contra Jalil tiene una carga política precisa: señala a un sector del peronismo territorial que eligió la negociación con Milei sobre la confrontación. Para La Cámpora, esa conducta es una cesión ideológica inaceptable. Para los gobernadores, es gestión pragmática frente a provincias con necesidades concretas y presupuestos comprometidos. La tensión entre ambas lógicas atraviesa al peronismo desde el primer día de la gestión libertaria. Kirchner afirmó que esos dirigentes 'se ponen muy nerviosos' cuando se los interpela por el tema. La frase tiene intención política deliberada: busca instalar la idea de que el respaldo al RIGI no tiene argumentos sólidos u convicción ideológica, sino que responde a presiones u conveniencias que los propios gobernadores preferirían no explicitar. Es una forma de deslegitimar sus posiciones sin debatir cifras ni inversiones concretas. El problema de fondo que Kirchner instala —aunque no lo desarrolla en términos técnicos— es real: el RIGI permite que grandes empresas operen con una estabilidad fiscal de 30 años, remitan utilidades libremente y queden exceptuadas de normativas que rigen al resto de la economía. Los críticos sostienen que el Estado resigna renta estratégica en sectores no renovables u en infraestructura sensible. Los defensores responden que sin esos incentivos las inversiones simplemente no llegan. Lo que el cruce entre Kirchner y los gobernadores revela es que el peronismo enfrenta una disyuntiva que no logra resolver colectivamente: oponerse a Milei de forma integral u negociar caso por caso según las necesidades provinciales. Hasta ahora, cada distrito y cada dirigente tomó su propia decisión. Esa fragmentación debilita la oposición como bloque y fortalece al gobierno, que puede mostrar respaldo transversal a sus iniciativas más estructurales. El kirchnerismo duro, con Máximo como portavoz, apuesta a que la discusión sobre el RIGI se vuelva un eje de identidad opositora de cara al ciclo electoral que se aproxima. Si logra instalar que los gobernadores que apoyaron la ley 'entregaron' recursos estratégicos, puede presionar hacia una recomposición del espacio en sus propios términos. Si fracasa, el mapa del peronismo seguirá siendo el de un movimiento dividido entre la resistencia y la administración de lo posible.