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| viernes, 30 de octubre de 2026 |
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Grossi logró 9 votos en el Consejo de Seguridad y sigue en carrera
El argentino obtuvo nueve votos a favor en la séptima ronda del Consejo de Seguridad, con solo cuatro rechazos. La carrera se define en las sombras.
Rafael Grossi, actual director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), consolidó su candidatura a secretario general de la ONU al obtener nueve apoyos, cuatro rechazos y dos abstenciones en la séptima ronda de votación del Consejo de Seguridad. El resultado no es solo un número: es una señal de que el diplomático argentino tiene masa crítica suficiente para seguir en carrera en uno de los procesos de selección más opacos y herméticos de la política internacional.
El dato más relevante de esta ronda no es cuántos votos sumó Grossi, sino cuántos rechazos registró. Cuatro votos en contra implican que al menos uno de los cinco miembros permanentes del Consejo —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido— podría estar bloqueando su avance. En este proceso, un solo veto de un miembro permanente es suficiente para liquidar cualquier candidatura, sin importar el respaldo del resto.
La arquitectura del sistema de votación hace que la transparencia sea casi nula. Los votos de los cinco miembros permanentes no se distinguen con papeletas de diferente color, lo que impide saber con certeza quién rechaza a Grossi. Esta opacidad es deliberada: permite a las grandes potencias presionar, negociar y condicionar candidaturas sin exposición pública ni costo diplomático visible.
Argentina lleva décadas intentando proyección global a través de organismos multilaterales, con resultados dispares. La candidatura de Grossi representa una apuesta de política exterior que trasciende gestiones y partidos: su perfil técnico y su trayectoria al frente del OIEA le dieron credibilidad internacional que pocos funcionarios argentinos lograron construir. No es un candidato ideológico, sino institucional, lo que amplía su base de apoyo potencial.
Sin embargo, la candidatura enfrenta el obstáculo estructural de toda elección en el Consejo de Seguridad: los equilibrios geopolíticos pesan más que los méritos individuales. En el contexto actual de tensión entre Occidente y Rusia, entre Estados Unidos y China, cualquier candidato percibido como cercano a un bloque enfrenta resistencia automática del bloque opuesto. Grossi navegó esa tensión con pragmatismo al frente del OIEA, pero eso no garantiza neutralidad percibida.
La séptima ronda coloca a Grossi en una posición expectante, no definitiva. El proceso puede extenderse en rondas sucesivas mientras los actores con poder de veto miden correlaciones de fuerza y negocian condicionamientos que nunca se hacen públicos. Para Buenos Aires, cada ronda adicional con números positivos es oxígeno político interno, independientemente del resultado final.
Lo que está en juego excede la figura de Grossi: si Argentina logra colocar a uno de los suyos al frente del organismo más relevante del sistema internacional, modificaría su posición relativa en la diplomacia global durante años. Eso explica el seguimiento obsesivo de cada votación y la presión silenciosa que el gobierno argentino ejerce sobre sus aliados para consolidar apoyos en las rondas que vienen.Más noticias de Datapolítica
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