viernes, 30 de octubre de 2026
 
 
     
Milei recibirá al papa León XIV al pie del avión en Buenos Aires

El secretario de Culto confirmó que el presidente estará en pista cuando el pontífice aterrice en Buenos Aires desde Montevideo a las 16:30.

El gobierno de Javier Milei prepara una recepción protocolar de alto voltaje simbólico: el presidente estará personalmente al pie del avión cuando el papa León XIV aterrice en Buenos Aires el 8 de noviembre, proveniente de Montevideo en un vuelo de Aerolíneas Argentinas a las 16:30. La confirmación llegó por parte del secretario de Culto, Agustín Caulo, e instala de inmediato una pregunta política que va más allá del protocolo: ¿qué busca Milei con este gesto hacia una institución con la que históricamente mantuvo una relación áspera e ideológicamente tensa? La visita de León XIV a la Argentina se enmarca en una gira regional más amplia, cuya primera escala es precisamente Buenos Aires. Que el país sea el punto de entrada del recorrido pontificio no es un dato menor: le otorga a la Argentina un lugar de privilegio en la agenda vaticana latinoamericana, y el gobierno no parece dispuesto a desaprovechar ese capital simbólico. La relación de Milei con la Iglesia Católica local e internacional estuvo marcada por rispideces públicas durante buena parte de su carrera política. Su adhesión al judaísmo, sus críticas al papa Francisco e incluso sus declaraciones sobre el rol histórico de la institución generaron rispideces que el actual contexto parece invitar a administrar con más cuidado. La presencia en pista es, en ese sentido, un gesto de normalización que el oficialismo necesita sostener. Desde una perspectiva de construcción de imagen, recibir al papa al pie del avión es uno de los rituales de mayor rendimiento político para cualquier jefe de Estado. La escena genera cobertura masiva, proyección internacional e imagen de estadista. Para Milei, que enfrenta una economía en proceso de estabilización pero con alto costo social, el evento ofrece una ventana de atención pública en clave positiva e institucional. El dato operativo también tiene su lectura: el vuelo llega en Aerolíneas Argentinas, la empresa estatal cuya privatización el propio Milei impulsó sin éxito legislativo. Que el transporte del pontífice sea precisamente esa aerolínea agrega una ironía política que el gobierno deberá administrar en su comunicación. La Iglesia, por su parte, llega a la Argentina con León XIV al frente, un pontificado que aún define sus contornos doctrinales e institucionales. La elección de Buenos Aires como primera escala puede leerse como un guiño hacia una sociedad históricamente católica, pero también como una señal hacia una región donde la influencia eclesial sigue siendo un factor de poder territorial e identitario. En síntesis, la recepción presidencial en pista no es un acto de fe: es un acto político. Milei resignifica su vínculo con la institución religiosa más influyente del país en un momento en que necesita ampliar su coalición de legitimidad social. El protocolo, en este caso, es el mensaje.