jueves, 29 de octubre de 2026
 
 
     
Lula criticó a Milei al agradecer las felicitaciones de Macri

El presidente brasileño aprovechó el saludo del expresidente argentino para marcar distancia con Javier Milei, quien no lo felicitó por su triunfo.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, convirtió un gesto protocolar en un mensaje político de alto voltaje. Al responder el saludo que Mauricio Macri le envió por redes sociales tras su victoria sobre Jair Bolsonaro, Lula deslizó una crítica velada pero inequívoca hacia Javier Milei, el único líder regional relevante que hasta ahora le negó las felicitaciones. La frase sobre extrañar los tiempos en que las diferencias se resolvían de manera civilizada y republicana no fue un comentario nostálgico: fue una señal diplomática con destinatario preciso. El vínculo entre Milei y el presidente brasileño arrastra tensiones desde antes de que el líder libertario llegara al poder. Durante la campaña electoral argentina de 2023, Milei calificó a Lula de corrupto e ignoró los canales diplomáticos habituales una vez electo. Desde entonces, la relación bilateral entre Argentina y Brasil, socios estratégicos e históricos dentro del Mercosur, quedó suspendida en un limbo de frialdad institucional que no tiene precedentes recientes. El contraste con Macri es deliberado e ilustrativo. El expresidente, aunque ideológicamente alineado con posiciones de centroderecha, mantuvo durante su gestión una relación funcional con Brasil, incluso con un Lula en prisión preventiva. Que Macri felicite a Lula hoy habla de pragmatismo diplomático. Que Lula use ese gesto para marcarle el terreno a Milei habla de una estrategia de aislamiento sutil pero sostenida. La omisión de Milei no es un detalle menor. Brasil es el principal socio comercial de Argentina. El Mercosur es el marco institucional que regula buena parte del intercambio regional. Cuando el presidente argentino decide ignorar la reelección de su par brasileño, no está haciendo una declaración ideológica inocua: está erosionando los canales de diálogo que sostienen acuerdos económicos concretos que afectan a miles de empresas y trabajadores de ambos países. Desde la perspectiva de Lula, la chicana a través de Macri tiene una lógica calculada. No interpela a Milei directamente, lo que elevaría el conflicto a un nivel diplomático formal. En cambio, lo señala lateralmente, recordándole al mundo que la norma en la región es el diálogo republicano, y que la excepción tiene nombre propio. Es una estrategia de presión blanda, coherente con el estilo de Lula, que prefiere el terreno simbólico antes que el enfrentamiento abierto. Para la Argentina, esta dinámica tiene costos que van más allá de la retórica. El aislamiento de Milei respecto de los gobiernos de centroizquierda de la región —que son mayoría hoy en América Latina— reduce el margen de maniobra del país en negociaciones multilaterales, en acuerdos de infraestructura y en foros como la CELAC o la propia cumbre del Mercosur. La apuesta de Milei parece ser construir lazos con Washington y con líderes de derecha global, pero esa red aún no reemplaza la densidad del vínculo con Brasilia. Lo que quedó expuesto este jueves es una grieta regional que tiene consecuencias reales. Lula y Milei representan no solo proyectos políticos opuestos sino modelos de inserción internacional incompatibles. Mientras Brasil busca liderar una integración regional renovada, Argentina bajo Milei se corre del tablero sudamericano. El saludo de Macri, casi sin quererlo, se convirtió en el espejo donde se ve con claridad esa fractura.