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| jueves, 29 de octubre de 2026 |
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Santilli defendió que el hijo de Bolsonaro saliera sin controles
El legislador del PRO salió a defender la salida del hijo del expresidente brasileño del territorio argentino sin controles migratorios especiales.
Diego Santilli tomó la palabra para justificar que Flávio Bolsonaro, senador brasileño e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, abandonó la Argentina sin ser detenido ni retenido por las autoridades migratorias. El argumento central fue que no existía ninguna alerta vigente de Interpol sobre su persona, lo que habilitaba legalmente su salida. La declaración, lejos de cerrar el debate, lo abre: revela que el caso fue evaluado en términos estrictamente formales, dejando de lado cualquier consideración política o diplomática.
Flávio Bolsonaro estuvo en Argentina en un contexto de alta tensión regional. Su padre enfrenta causas judiciales en Brasil vinculadas al intento de golpe de Estado posterior a las elecciones de 2022, y varios de sus allegados tienen restricciones para salir del país vecino. Que un miembro de ese entorno circulara libremente por Buenos Aires e ingresara y saliera sin inconvenientes instala preguntas sobre el nivel de coordinación entre ambos gobiernos.
La respuesta de Santilli apela a la legalidad procedimental: si Interpol no emitió alerta roja, Argentina no tiene obligación de actuar. Esa lógica es técnicamente correcta, pero políticamente insuficiente. Los estados tienen márgenes de acción diplomática que van más allá del protocolo policial internacional, y la decisión de no ejercer ninguno de esos márgenes es también una decisión política.
El episodio expone la geometría ideológica del espacio gobernante. La visita de Flávio Bolsonaro no fue discreta: se enmarca en los vínculos que sectores del PRO e incluso de La Libertad Avanza mantienen con el bolsonarismo como movimiento transnacional de derecha. Santilli, uno de los dirigentes del PRO con mayor perfil territorial en la provincia de Buenos Aires, eligió defender esa circulación en lugar de guardar silencio o derivar la pregunta al Ejecutivo nacional.
Desde la oposición, el episodio será usado como evidencia de una afinidad ideológica que el oficialismo prefiere no explicitar pero tampoco oculta. La pregunta que queda flotando es si hubo alguna comunicación previa con Brasil sobre la visita y si el gobierno de Milei fue informado o consultado. La ausencia de respuestas a esas preguntas es, en sí misma, información política relevante.
En términos institucionales, el caso pone en discusión los mecanismos de coordinación entre Migraciones, Cancillería e Interpol ante visitas de figuras políticamente sensibles de países vecinos. Argentina tiene antecedentes de actuar con criterios extraprotocolares cuando la voluntad política existe: la detención de personas vinculadas a causas internacionales de derechos humanos es el ejemplo más claro. La selectividad en la aplicación de esos criterios es lo que genera el cuestionamiento.
Lo que Santilli interpretó como una defensa técnica termina siendo una toma de posición. Decir que Bolsonaro no tenía impedimentos de Interpol y que por eso se fue es, al mismo tiempo, decir que nadie consideró necesario explorar otras herramientas. Esa omisión habla tanto de las prioridades del gobierno argentino como de los lazos que el espacio político gobernante mantiene con la derecha brasileña en un momento en que esa fuerza está en el centro de una crisis institucional sin precedentes en la historia reciente de Brasil.Más noticias de Datapolítica
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