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| jueves, 29 de octubre de 2026 |
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El Senado sesiona: su reglamento y el mercado de carbono
La cámara alta sesiona con el RIIR y el mercado de carbono en agenda, mientras Santilli será interpelado en la misma jornada.
El Senado argentino vuelve a sesionar con dos proyectos económicos centrales en el orden del día: el Régimen de Incentivo para las Inversiones Relevantes (RIIR) e iniciativas vinculadas al mercado de carbono. La convocatoria no es neutral: el oficialismo necesita mostrar productividad legislativa ante aliados que reclaman señales concretas de gestión, e introduce estos temas como respuesta política a esa presión acumulada.
El RIIR apunta a atraer inversiones de gran escala mediante beneficios fiscales e incentivos regulatorios. En términos prácticos, el régimen busca competir con esquemas similares de países de la región que disputan el mismo flujo de capitales. Pero en términos políticos, su tratamiento en el Senado funciona como termómetro de la cohesión de la coalición gobernante: sin votos propios suficientes, el oficialismo depende de bloques aliados cuyo apoyo se negocia sesión a sesión.
El mercado de carbono, incluido en la misma jornada, agrega una dimensión que excede lo estrictamente electoral. Se trata de un instrumento de política ambiental con impacto directo en sectores productivos exportadores, particularmente en agroindustria e industria pesada. Su incorporación a la agenda legislativa responde también a compromisos internacionales que el gobierno necesita mostrar como cumplidos ante organismos multilaterales e inversores externos.
La interpelación a Diego Santilli, que se aprobará sobre tablas, introduce una tensión adicional en la sesión. Las interpelaciones son mecanismos de control legislativo poco frecuentes, e históricamente funcionan como herramienta de la oposición para instalar un tema ante la opinión pública más que para obtener respuestas sustantivas. Que se incluya en la misma jornada que los proyectos de inversión revela que el bloque opositor busca disputar el relato de la sesión.
El contexto es relevante: el Senado arrastra semanas de dificultades para alcanzar quórum en temas sensibles. Cada sesión exitosa implica una negociación previa que el oficialismo no siempre gana con holgura. La decisión de combinar proyectos de alto impacto económico con la interpelación sugiere un acuerdo de agenda entre bloques, donde cada sector cede e incorpora algo propio.
Para el oficialismo, aprobar el RIIR sería una victoria concreta que puede exhibir ante el empresariado e inversores como prueba de que el Congreso acompaña la política económica del Ejecutivo. Para los aliados, votar afirmativamente tiene un costo político que esperan cobrar en otras negociaciones: designaciones, obra pública u otras iniciativas legislativas propias.
Lo que la sesión expone, en definitiva, es la fragilidad estructural del esquema legislativo del gobierno. Cada avance requiere una transacción. El RIIR puede convertirse en ley, pero el precio político de esa aprobación se paga en moneda de influencia, y esa moneda escasea en un Congreso donde ningún bloque tiene mayoría propia.Más noticias de Datapolítica
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