miércoles, 28 de octubre de 2026
 
 
     
Caputo contactó desde Argentina a la empresa que trasladó a Bolsonaro

El asesor presidencial siguió el operativo desde el martes y contactó a la empresa dueña del avión que trasladó al expresidente brasileño.

Santiago Caputo, el asesor de mayor peso informal dentro del gobierno de Javier Milei, tuvo participación directa en la organización del operativo que permitió la salida de Jair Bolsonaro hacia el exterior desde territorio argentino. No fue un gesto espontáneo ni una coincidencia diplomática: fue una gestión activa, sostenida desde el martes, que incluyó contacto directo con la empresa propietaria del avión utilizado. La Casa Rosada no solo miró desde afuera, sino que puso un operador central a trabajar el tema. El dato político de fondo es que Caputo no tiene cargo formal en el Estado argentino. Es asesor, figura en las sombras del organigrama, pero actúa con atribuciones que exceden cualquier rol protocolario. Su intervención en un asunto de política exterior sensible, como el traslado de un expresidente extranjero con causas judiciales abiertas en su país, revela hasta dónde llega su poder real dentro del esquema de decisión del Ejecutivo. Bosonaro es una figura con la que Milei comparte afinidad ideológica explícita. Ambos se reclaman herederos del movimiento libertario-conservador que sacudió la política regional en la última década. Esa cercanía no es solo retórica: tiene consecuencias operativas, como quedó demostrado con este episodio. Argentina no actuó como un país neutral ante una crisis judicial brasileña; actuó como un socio político activo. La decisión de involucrarse tiene costos e implicancias. Brasil es el principal socio comercial de Argentina, e irritar a Lula da Silva en un momento en que ambos países negocian posiciones en el Mercosur e instancias multilaterales es un riesgo concreto. El gobierno de Milei parece haber evaluado que el beneficio político interno u el alineamiento ideológico regional pesan más que esa fricción diplomática. Caputo es, en este esquema, el instrumento que permite al gobierno actuar sin dejar huellas institucionales limpias. Si la operación generaba consecuencias, el canal informal daba margen de negación plausible. Si salía bien, era una muestra de musculatura política hacia el espacio libertario regional. La ambigüedad del rol es funcional: permite actuar sin rendir cuentas formales. El episodio también ilumina la arquitectura de poder real del gobierno de Milei. Las decisiones de peso no pasan necesariamente por la Cancillería ni por el Jefe de Gabinete. Pasan por un círculo chico donde Caputo opera como nodo central. Eso tiene consecuencias institucionales profundas: debilita los canales formales e instala una lógica de gestión paralela que funciona por fuera del Estado pero con recursos e influencia del Estado. Lo que este operativo deja expuesto no es solo una simpatía ideológica con Bolsonaro. Es un modelo de gobierno donde la política exterior se gestiona desde las sombras, los asesores informales toman decisiones de alto impacto y la institucionalidad queda como decorado. Para Argentina, acostumbrada a esta lógica, puede parecer menor. Para la región, es una señal clara sobre cómo Milei entiende el poder y hasta dónde está dispuesto a usarlo.