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| jueves, 29 de octubre de 2026 |
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Milei viaja a Neuquén para respaldar a su senadora
El presidente respalda a Nadia Márquez, elegida para presidir la comisión que debate nombramientos judiciales, en medio de resistencias internas.
Javier Milei viaja a Neuquén para participar de la inauguración de un templo evangélico cuyo pastor es el padre de la senadora Nadia Márquez, legisladora que Karina Milei promovió para presidir la comisión del Senado que debate los pliegos judiciales. El gesto presidencial no es protocolar: es una intervención política directa en un momento en que Márquez enfrenta resistencias tanto de aliados como del propio oficialismo para consolidar ese rol clave.
La comisión de Acuerdos del Senado es uno de los espacios de mayor poder institucional del Congreso. Desde allí se define qué jueces, fiscales e integrantes de organismos clave pasan o no al recinto para su confirmación. Quien la preside tiene capacidad real de frenar, acelerar u ordenar la agenda judicial del gobierno. La elección de Márquez para ese puesto no fue casual ni técnica: fue una decisión estratégica de la conducción de La Libertad Avanza.
Karina Milei, secretaria general de la Presidencia e hilo conductor de la construcción política del espacio, impulsó a Márquez con un objetivo claro: garantizar que los pliegos que el Ejecutivo necesita aprobar tengan un canal favorable en el Senado. El vínculo evangélico entre la familia Márquez y el presidente agrega una dimensión de confianza personal que va más allá de la aritmética parlamentaria.
Sin embargo, la designación generó incomodidad. Aliados del oficialismo e incluso sectores internos del bloque pusieron reparos, una señal de que la conducción centralizada del espacio libertario sigue generando tensiones hacia adentro. La resistencia no es ideológica sino de poder: controlar esa comisión equivale a controlar un resorte central de la negociación política con el sistema judicial.
El viaje de Milei a Neuquén debe leerse como un mensaje de doble destino. Hacia afuera, consolida el vínculo con la comunidad evangélica, un actor social y electoral que el presidente cultiva con consistencia desde su campaña. Hacia adentro del Senado, es una señal de que la Casa Rosada no retrocede: Márquez tiene respaldo presidencial directo, lo que eleva el costo político de cualquier intento de desplazarla u ignorarla.
El fenómeno también revela una característica estructural del gobierno de Milei: la gestión institucional aparece subordinada a redes de confianza personal e ideológica. La presidencia de una comisión legislativa se define con un viaje a un templo, no con negociaciones entre bloques. Eso puede ser eficaz en el corto plazo, pero genera fragilidad cuando esas redes personales se tensionan u otras fuerzas parlamentarias deciden no convalidarlas.
En términos de coyuntura, la jugada define una apuesta: el oficialismo necesita la comisión de Acuerdos para avanzar en su agenda judicial antes de que el calendario electoral de 2027 achique los márgenes de maniobra. Márquez es la pieza elegida. El templo de Neuquén fue el escenario del gesto. La pregunta que queda abierta es si ese respaldo alcanza para sostenerla frente a las resistencias que ya emergieron dentro del propio espacio de gobierno.Más noticias de Datapolítica
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