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| miércoles, 28 de octubre de 2026 |
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Máximo Kirchner pidió que Cristina vuelva al poder
El diputado cerró el acto por el aniversario de Néstor Kirchner convocando a la militancia a liberar a Cristina y llevarla de vuelta al poder.
En el acto por el aniversario de la muerte de Néstor Kirchner realizado en Lanús, Máximo Kirchner lanzó una consigna que condensa la estrategia política del kirchnerismo duro para los próximos años: convertir la condena judicial a Cristina Fernández de Kirchner en combustible electoral. La pregunta retórica que cerró su discurso —¿vamos a liberarla, vamos a hacerla presidenta?— no fue un exabrupto emocional sino una declaración programática. El hijo de los expresidentes trazó el horizonte político de su espacio con una claridad que pocas veces se ve en la dirigencia peronista actual.
El contexto no es menor. Cristina Fernández cumple una condena por corrupción que la inhabilita para ejercer cargos públicos, aunque sus seguidores rechazan esa inhabilitación como persecución política. Máximo construyó su discurso sobre esa narrativa: la exmandataria no es una condenada sino una proscripta, y su regreso al poder sería una reivindicación histórica. Esa lectura convierte un revés judicial en una épica de resistencia, táctica que el peronismo conoce bien desde sus propios orígenes.
El discurso también incluyó ataques directos a Javier Milei, Mauricio Macri e integrantes de la Corte Suprema, lo que revela la arquitectura del enemigo que el kirchnerismo necesita para cohesionar a una militancia fragmentada. Sin un adversario nítido, la convocatoria pierde fuerza. Con tres blancos simultáneos, el orador ofrece a cada sector del auditorio al menos un villano propio.
La celebración del triunfo de Lula da Silva en Brasil funcionó como argumento comparado: si el expresidente brasileño volvió al poder tras una condena penal, el kirchnerismo presenta ese antecedente como evidencia de que el ciclo puede repetirse en Argentina. La analogía es políticamente potente aunque jurídica e institucionalmente discutible, porque los sistemas legales e históricos de ambos países divergen en puntos centrales.
Lo que el acto dejó en evidencia es una tensión interna que el kirchnerismo todavía no resolvió: entre quienes quieren a Cristina como símbolo de resistencia y quienes la necesitan como candidata real. Máximo Kirchner apostó por la segunda opción, lo que colisiona con los tiempos judiciales e implica una apuesta de alto riesgo electoral.
Para el gobierno de Milei, este tipo de actos son funcionales: consolidan la imagen de un peronismo centrado en su propia interna e incapaz de articular una oposición programática. La oposición que convoca multitudes en nombre de una líder inhabilitada cede terreno en el debate sobre inflación, empleo e instituciones.
El kirchnerismo sale del acto con energía militante renovada pero con una hoja de ruta que depende de variables que están fuera de su control: los tiempos de la Justicia, la salud de Cristina e incluso la voluntad de la propia exmandataria de encabezar una nueva candidatura. Máximo Kirchner apostó todo a una carta que todavía no está en su mano.Más noticias de Datapolítica
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