martes, 27 de octubre de 2026
 
 
     
La Cámara de Diputados avanza en el Presupuesto y la Ley de Defensa

La Cámara de Diputados busca dictaminar dos iniciativas clave tras una sesión exitosa, mientras crecen las dudas sobre el futuro de las PASO.

El bloque oficialista avanza sobre una agenda legislativa ambiciosa después de cerrar una sesión en Diputados que le dio impulso político. Los dos ejes centrales son el Presupuesto 2027 y la Ley de Defensa de la Soberanía, dos iniciativas que el Gobierno quiere instalar como señales de gestión antes de que el calendario electoral absorba toda la energía institucional. La combinación de ambos temas no es casual: uno habla de administración económica y el otro de política exterior e identidad nacional, dos registros que el oficialismo necesita sostener simultáneamente. El contexto importa. El Gobierno llega a este tramo legislativo con más oxígeno del que tenía hace pocas semanas. La última sesión de Diputados fue leída internamente como una demostración de cohesión y capacidad de negociación. Ese capital político tiene fecha de vencimiento: a medida que se acerquen las definiciones electorales, cada votación se volverá más costosa y cada alianza más frágil. Por eso la urgencia de dictaminar ahora. El Presupuesto 2027 es, en términos técnicos y políticos, el documento más revelador de las intenciones del Ejecutivo. No es solo una ley de números: es una declaración de prioridades. Cada partida que se discute en comisión es una negociación con los bloques aliados, una señal hacia los mercados y una apuesta sobre cómo lucirá la economía en año electoral. Aprobarlo en tiempo y forma sería un logro institucional que el kirchnerismo nunca pudo consumar en sus últimas gestiones. La Ley de Defensa de la Soberanía agrega otra dimensión. Su inclusion en la agenda en este momento no responde únicamente a una necesidad técnica. Es un guiño hacia sectores de las fuerzas armadas y un mensaje hacia afuera sobre la postura argentina en materia de seguridad regional. En un contexto internacional donde la soberanía territorial volvió a ser tema central, la iniciativa tiene potencial de generar consenso transversal, aunque también puede despertar resistencias en sectores que cuestionan cualquier reforma vinculada a las fuerzas de seguridad. El punto de tensión más delicado sigue siendo el futuro de las PASO. Las dudas sobre si el oficialismo intentará modificar y directamente eliminar las primarias abiertas generan incertidumbre en la oposición y en los propios aliados circunstanciales. Tocar el sistema electoral en año previo a elecciones es una movida de alto riesgo: puede leerse como un intento de moldear las reglas del juego en beneficio propio, y esa lectura es difícil de revertir una vez instalada. El verdadero desafío del oficialismo no es aprobar leyes aisladas, sino construir una narrativa de gobernabilidad sostenida. Cada sesión exitosa suma, pero el efecto se diluye si no va acompañado de resultados concretos en la vida cotidiana. La agenda legislativa puede ser un instrumento de comunicación política eficaz, siempre que no se perciba como un ejercicio de voluntarismo sin anclaje en la realidad económica y social del país. En definitiva, lo que el Gobierno está haciendo es intentar convertir el momentum legislativo en capital político duradero. Si logra dictaminar el Presupuesto y avanzar con Defensa antes de fin de año, tendrá argumentos concretos para mostrar capacidad de gestión. Si las PASO se convierten en el eje del debate, el riesgo es que todo lo demás quede opacado por una discusión sobre las reglas electorales que el electorado suele leer, con razón, como una pelea de aparatos.