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| martes, 27 de octubre de 2026 |
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Nadie lidera la carrera para suceder a Kicillof en Buenos Aires
A un año de las elecciones, ningún precandidato a gobernador de Buenos Aires logra despegarse del pelotón según las últimas mediciones.
La provincia de Buenos Aires enfrenta una transición política sin conductor claro: Axel Kicillof no puede reelegirse en 2027 e ingresa a la fase final de su mandato sin haber ungido un sucesor con peso propio. Las encuestas más recientes muestran un escenario de paridad técnica en la punta, donde dos candidatos se disputan el liderazgo con diferencias dentro del margen de error, mientras el tercero aparece a distancia todavía considerable. La foto estadística refleja algo más profundo: el peronismo bonaerense no tiene un heredero natural e indiscutido.
El distrito más grande del país, con más de 17 millones de votantes habilitados, define en gran medida el resultado de cualquier elección nacional. Quien gane la gobernación en 2027 tendrá en sus manos una estructura política e institucional de escala sin equivalente en Argentina. Por eso la disputa sucesoria no es un asunto menor de la política provincial: es una de las variables centrales del mapa político nacional para los próximos años.
Kicillof atraviesa el tramo final de su segundo mandato en una posición incómoda. Su relación con el kirchnerismo más duro y con la conducción nacional del PJ registró tensiones públicas que debilitaron su autoridad para definir quién viene después. En ese vacío, distintos sectores del peronismo bonaerense avanzan con sus propias candidaturas sin esperar un aval que probablemente nunca llegue de forma unánime.
El empate en la punta tiene una lectura adicional: ninguno de los precandidatos logró aún instalar su nombre fuera de los circuitos de militancia y dirigencia. La ciudadanía bonaerense, en su mayoría, todavía no procesa esta elección. Eso significa que los números actuales son extremadamente volátiles y que el escenario puede transformarse por completo ante un hecho político inesperado, una crisis de gestión u una candidatura nueva.
La oposición observa este proceso con interés estratégico. Un peronismo fracturado o sin candidato fuerte es una oportunidad histórica para quebrar la hegemonía que el PJ mantiene sobre la gobernación bonaerense desde hace décadas. La experiencia de María Eugenia Vidal en 2015 demostró que esa hegemonía no es indestructible cuando el contexto nacional acompaña y el oficialismo llega dividido.
El cronograma electoral agrega presión. Con las primarias posiblemente en junio u julio de 2027, los tiempos para construir una candidatura competitiva se acortan. Quien no esté posicionado con claridad antes de fin de año corre el riesgo de quedar fuera de la discusión central. La paridad actual, lejos de ser un signo de fortaleza colectiva del peronismo, es la foto de un espacio que todavía no resolvió sus contradicciones internas.
El dato más relevante no es quién lidera hoy, sino cuánto falta para que alguien consolide una ventaja real y sostenible. Esa respuesta depende menos de las encuestas que de la capacidad de los actores políticos para articular acuerdos, resolver disputas internas y proyectar una alternativa de gobierno creíble ante un electorado bonaerense que en los últimos ciclos mostró una volatilidad creciente y una paciencia declinante frente a la política tradicional.Más noticias de Datapolítica
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