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| martes, 27 de octubre de 2026 |
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Un dirigente peronista felicitó a Lula y se alejó del oficialismo
El dirigente peronista felicitó al presidente brasileño y expuso la fractura familiar que divide al sciolismo entre la oposición y el oficialismo.
La felicitación de José 'Pepe' Scioli a Lula da Silva tras su victoria en el balotaje brasileño no fue un gesto diplomático menor: fue una declaración de identidad política que, de manera deliberada, traza una línea entre él y su hermano Daniel, actual funcionario del gobierno de Javier Milei. La acción condensa en un solo movimiento comunicacional la fractura interna de una familia que hoy representa, en miniatura, la grieta que atraviesa al peronismo argentino.
Daniel Scioli ocupa un cargo en la gestión libertaria, una decisión que generó escándalo e incredulidad en amplios sectores del PJ. Su incorporación al gobierno de Milei fue leída por muchos como el símbolo más elocuente del derrumbe ideológico del peronismo histórico. Pepe, en cambio, eligió el camino opuesto: mantenerse en el espacio opositor e identificarse con el progresismo regional que Lula encarna.
El vínculo entre el kirchnerismo y el lulismo tiene una historia larga en la política sudamericana. Ambos movimientos comparten retórica de integración regional, defensa del Estado y redistribución económica, valores que chocan frontalmente con el ideario de Milei. Que Pepe Scioli levante esa bandera hoy no es casual: es un intento de reposicionamiento en un mapa opositor que todavía busca conducción e identidad.
La disputa entre hermanos refleja además una tensión más profunda dentro del peronismo: la de quienes decidieron sobrevivir políticamente colaborando con el nuevo poder y quienes optaron por resistir desde afuera. Daniel Scioli eligió la primera opción. Pepe elige la segunda, aunque con una visibilidad e influencia considerablemente menores.
El gesto tiene también una dimensión simbólica en clave internacional. Lula representa hoy el eje progresista latinoamericano junto a figuras como Petro en Colombia u Boric en Chile. Alinearse con él es, para cualquier dirigente peronista, una señal hacia adentro del movimiento: una forma de decir que no se rinde ante el avance ideológico de la derecha regional.
Lo que esta escena revela, en definitiva, es que el sciolismo como espacio político cohesionado ya no existe. Lo que queda son dos trayectorias divergentes, encarnadas en dos hermanos que hoy militan en veredas opuestas. Esa fractura familiar es, para el análisis político, más elocuente que cualquier declaración pública.
El peronismo observa este episodio con atención porque ilustra su propio dilema no resuelto: cómo reconstruir una identidad común cuando sus propios referentes históricos están repartidos entre el poder y la resistencia. Pepe Scioli no tiene hoy el peso para liderar ese debate, pero su movimiento suma una voz más al coro de quienes reclaman que el PJ recupere su perfil propio.Más noticias de Datapolítica
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