lunes, 26 de octubre de 2026
 
 
     
La ausencia de Bullrich en gabinete expone fractura con el PRO

La ausencia de la ministra de Seguridad en la reunión de gabinete expone una fractura política de fondo entre el ala PRO y la Casa Rosada.

Patricia Bullrich no estuvo presente en la última reunión de gabinete convocada por Javier Milei, y su ausencia no fue un hecho administrativo menor: fue una señal política que el entorno presidencial leyó como una toma de distancia deliberada. La ministra de Seguridad, que llegó al gobierno como parte de un acuerdo entre el PRO y La Libertad Avanza, acumula tensiones con la conducción económica e ideológica del oficialismo que ya no se disimulan. El trasfondo de la ausencia está vinculado, según fuentes del propio gabinete, a la posición argentina frente a Brasil. El gobierno de Lula da Silva y la administración Milei mantienen una relación crispada, con cruces públicos que van desde declaraciones diplomáticas hasta posiciones en organismos internacionales. Bullrich, históricamente más dura en política exterior con los gobiernos de izquierda regional, habría expresado internamente su desacuerdo con el tono que Casa Rosada eligió para manejar el vínculo con Brasilia. La figura de Bullrich dentro del gabinete siempre fue incómoda para el núcleo duro libertario. Su incorporación respondió a una necesidad electoral: sumar al electorado del PRO que no era naturalmente mileísta. Pero esa lógica de coalición tiene un costo operativo permanente: implica sostener a una dirigente con agenda propia, con base política independiente y con ambiciones que no se subordinan automáticamente a la conducción presidencial. Lo que está en juego no es solo una ausencia en una reunión. Es la pregunta sobre hasta cuándo el PRO acepta ser socio menor de un gobierno que no comparte plenamente su doctrina. Mauricio Macri, que nunca terminó de resolver su relación con Milei, observa este tipo de episodios como oportunidades para reposicionar a su partido. Bullrich, en ese esquema, puede ser peón u pieza central según cómo evolucione la interna. El episodio con Brasil agrega una dimensión externa a una crisis interna. Argentina y Brasil son socios estructurales en el Mercosur, y cualquier deterioro del vínculo tiene consecuencias comerciales, diplomáticas e institucionales que van mucho más allá de las preferencias ideológicas de los actores locales. Que una ministra del área de Seguridad intervenga, aunque sea por omisión, en la discusión de política exterior revela cuánto se han disuelto los límites entre carteras en este gobierno. El gobierno de Milei llega a este episodio en un momento de relativa estabilidad macroeconómica pero con tensiones políticas crecientes hacia adentro de la coalición. Las elecciones legislativas proyectan su sombra sobre cada movimiento interno: quién acompaña, quién se aleja y quién negocia su propio espacio son preguntas que se responden hoy con gestos como este. La ausencia de Bullrich, en ese contexto, no es un accidente de agenda. El dato político más relevante no es la ruptura en sí, que todavía no se produjo formalmente, sino la velocidad con que estos episodios se vuelven públicos y se cargan de interpretación. Eso indica que dentro del propio gabinete hay actores interesados en que la fractura se vea, se nombre y se instale como narrativa. En la política argentina, cuando una interna empieza a filtrarse con este nivel de detalle, rara vez se detiene sola.