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| lunes, 26 de octubre de 2026 |
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Jorge Macri celebró la elección del papa León XIV
El jefe de Gobierno porteño se sumó al coro oficialista que celebra la llegada del pontífice, junto a Milei y Llaryora.
La confirmación de la visita del papa León XIV a la Argentina desató una ola de declaraciones políticas que revelan algo más que entusiasmo religioso: revelan una disputa por la foto, por la cercanía simbólica con el pontífice, e implícitamente por la legitimidad que ese vínculo otorga en un país donde el catolicismo sigue siendo una variable política de peso. Jorge Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, fue uno de los primeros en tomar posición pública, declarando que Buenos Aires será la casa del papa. La frase no es inocente: es una apuesta territorial y política en un contexto donde cada gesto con León XIV tiene consecuencias de imagen.
La confluencia de Macri, Javier Milei e incluso el gobernador cordobés Martín Llaryora en torno al mismo anuncio resulta llamativa. Llaryora pertenece al peronismo federal, Milei al libertarismo, y Macri al PRO. Tres espacios con tensiones profundas entre sí logran, sin embargo, articular un frente común de bienvenida al papa. Esa convergencia no habla de unidad política real, sino de la potencia neutralizadora que tiene la figura papal sobre las diferencias partidarias, al menos en el plano discursivo.
El dato de contexto es relevante: León XIV es el primer papa de origen angloamericano en la historia, pero su vínculo con América Latina es estrecho por su formación e historia personal. Argentina, que ya vivió el fenómeno Bergoglio con Francisco, vuelve a posicionarse como escenario privilegiado de un papado. Para la Ciudad de Buenos Aires, sede histórica del poder político e institucional del país, recibir al papa es también una afirmación de centralidad frente al resto del territorio nacional.
Jorge Macri atraviesa un momento de consolidación interna en el PRO porteño, luego de meses en que su liderazgo fue cuestionado tanto desde el macrismo nacional como desde sectores que buscan mayor autonomía del partido a nivel local. En ese marco, la visita papal opera como una oportunidad de visibilidad positiva, ajena a la conflictividad habitual de la gestión urbana. Asociarse al evento antes de que ocurra es una jugada de anticipación política.
Milei, por su parte, enfrenta una paradoja conocida: su perfil ideológico libertario e individualista convive con una necesidad de ampliar su base electoral hacia sectores más tradicionales y conservadores, donde la Iglesia tiene influencia. La bienvenida al papa es, desde esa lectura, una señal hacia ese electorado, más que una expresión de afinidad doctrinal. El presidente necesita sumar y no perder.
El riesgo de esta dinámica es que la visita papal se convierta en un campo de disputa por la foto antes que en un evento de contenido. La historia argentina registra antecedentes donde las visitas de figuras religiosas de alto perfil fueron instrumentalizadas por distintos sectores para legitimar posiciones o gestiones. La pregunta que queda abierta es si habrá agenda concreta de diálogo social u político con el pontífice, u si todo quedará en el plano del ceremonial y la imagen.
Lo que el episodio confirma, por ahora, es que León XIV ya opera como factor político en Argentina incluso antes de pisar suelo argentino. Los dirigentes que se apresuraron a declarar su bienvenida no están hablando solo del papa: están hablando de sí mismos, de sus territorios y de sus apuestas electorales de mediano plazo. Buenos Aires, según Jorge Macri, será su casa. La disputa por quién tiene las llaves de esa casa ya comenzó.Más noticias de Datapolítica
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