lunes, 26 de octubre de 2026
 
 
     
Llaryora resiste en Córdoba pero Juez recorta la brecha

Nueva encuesta muestra al gobernador cordobés ganando todos los escenarios, aunque el senador opositor redujo la distancia al 8,8%.

El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, mantiene el liderazgo electoral en su provincia según dos mediciones sucesivas de la consultora Sicchar, pero enfrenta una señal de alerta que la dirigencia del peronismo cordobés no puede ignorar: el senador nacional Luis Juez redujo la brecha en el escenario mano a mano, pasando del 28,2% al 29,7%, mientras Llaryora retrocedió levemente del 39% al 38,5%. La diferencia sigue siendo amplia, pero la tendencia habla de un electorado que empieza a moverse. El dato cobra relevancia porque Córdoba es el laboratorio más exigente del país para testear la solidez de los oficialismos provinciales. El peronismo cordobés, liderado por Juan Schiaretti primero e impulsado luego por Llaryora, construyó durante años una identidad electoral propia, divorciada del kirchnerismo nacional e impermeable a las mareas porteñas. Esa autonomía fue su principal activo. La pregunta que abre esta encuesta es si ese activo empieza a depreciarse. Juez, por su parte, representa una oposición con historia propia en Córdoba. No es un candidato importado ni una construcción de coyuntura: tiene base territorial, reconocimiento ciudadano e identidad política consolidada. Su crecimiento de poco más de un punto puede parecer marginal en términos absolutos, pero en una provincia donde los márgenes electorales se disputan con precisión quirúrgica, una tendencia sostenida en esa dirección puede anticipar un escenario competitivo real hacia una elección provincial. En los cruces contra Gabriel Bornoroni y Rodrigo De Loredo, el oficialismo provincial amplió la ventaja, lo que sugiere que el desafío más serio a Llaryora proviene de Juez y no del espacio libertario ni del radicalismo. Bornoroni, referente de La Libertad Avanza en Córdoba, no logra consolidar una base propia capaz de disputar el poder provincial, al menos según esta medición. De Loredo, por su parte, enfrenta el desgaste natural de un espacio radical que en Córdoba nunca terminó de construir una alternativa gubernamental creíble. El análisis de estas cifras obliga a pensar en el timing político. Si la elección provincial se celebra en 2027, Llaryora tiene tiempo suficiente para recomponer e incluso ampliar su ventaja. Pero si la tendencia de achicamiento se sostiene en mediciones sucesivas durante los próximos meses, el gobernador deberá revisar su estrategia de campaña antes de lo previsto. Los números no definen elecciones con un año de anticipación, pero sí condicionan las decisiones de armado político, financiamiento y agenda de gobierno. Para el juecismo, la lectura es diferente: cada décima ganada en una encuesta es oxígeno organizativo y argumento para sostener la candidatura ante un espacio opositor que históricamente tuvo dificultades para mantenerse unido frente a la maquinaria electoral del peronismo cordobés. Juez necesita mostrar viabilidad para retener cuadros, atraer recursos y desalentar candidaturas alternativas dentro de su propio campo. En síntesis, Llaryora gana hoy y ganaría en todos los escenarios proyectados, pero el mapa no está quieto. La política cordobesa entra en una fase de definición anticipada donde cada punto porcentual tiene peso estratégico. La consultora Sicchar capturó un movimiento pequeño pero real, e ignorarlo sería un error tanto para el oficialismo provincial como para los analistas que observan desde afuera uno de los distritos más complejos y autónomos del sistema político argentino.