lunes, 26 de octubre de 2026
 
 
     
La confianza en el Gobierno rebota pero sigue en baja anual

El índice de la Universidad Di Tella marcó una suba del 0,9% en octubre, aunque acumula siete puntos menos que hace un año.

La confianza en el Gobierno nacional registró una leve recuperación en octubre después de la caída que había marcado septiembre, según el índice de opinión pública que elabora mensualmente la Universidad Di Tella. La mejora del 0,9% detiene una sangría reciente, pero no alcanza para revertir un deterioro interanual de siete puntos que pone en perspectiva el verdadero estado del vínculo entre la ciudadanía y el Ejecutivo. El rebote es estadísticamente modesto e insuficiente para hablar de tendencia. El dato de octubre debe leerse con cuidado. Una variación de menos del 1% en un índice de confianza entra dentro del margen de fluctuación normal y no constituye por sí sola una señal de recuperación sostenida. Lo que sí resulta significativo es la comparación interanual: siete puntos menos que en octubre del año anterior indican que el desgaste acumulado supera cualquier ruido mensual y coloca al Gobierno en una posición más débil que la de hace doce meses. El contexto político en el que se produce este rebote no es neutro. Septiembre concentró tensiones visibles —presión cambiaria, debates presupuestarios y rispideces en la coalición oficialista— que posiblemente deprimieron el índice de ese mes por debajo de su tendencia. Octubre, sin un evento disruptivo equivalente, permitió una normalización parcial. Eso explica la mejora sin que sea necesario atribuirla a un cambio genuino en la percepción ciudadana. La comparación con presidencias anteriores que aporta el estudio de Di Tella agrega una dimensión histórica relevante. Los índices de confianza en Argentina tienen un comportamiento cíclico bien documentado: suben en los primeros meses de gestión, caen ante crisis económicas u shocks externos, y raramente se recuperan de forma sostenida sin un ancla concreta —ya sea una mejora en el bolsillo, un acuerdo político de envergadura u un logro de política exterior visible. Para el Gobierno, el dato de octubre ofrece un argumento de comunicación, pero no resuelve el problema estructural que señala la caída interanual. Administrar la narrativa de 'rebote' mientras los números de fondo muestran erosión es una tarea políticamente delicada: el riesgo es que el relato optimista choque con la percepción cotidiana de una ciudadanía que mide la confianza, en gran medida, a través de su situación económica personal. En términos de capital político, la confianza es uno de los activos más difíciles de reconstruir una vez que empieza a deteriorarse. Los siete puntos perdidos en términos interanuales no son solo un número: representan margen de maniobra para negociar reformas, sostener coaliciones y enfrentar eventuales crisis. Un Gobierno con confianza alta tiene más tolerancia al error; uno con confianza en declive debe gestionar con mucho menos oxígeno político. El índice de Di Tella de noviembre será el verdadero termómetro. Si la mejora de octubre se consolida, habrá base para hablar de recuperación. Si vuelve a caer u se estanca, quedará confirmado que el rebote fue solo un respiro estadístico en una tendencia que, medida con honestidad, sigue siendo descendente.