lunes, 26 de octubre de 2026
 
 
     
Rejal vuelve al kirchnerismo y LLA queda en minoría en el Senado

El bloque K sube a 22 senadores y supera al oficialismo, que tiene 20 tras la muerte de Pagotto.

El regreso de la senadora Rejal al bloque kirchnerista modifica el mapa de poder en el Senado y complica al oficialismo de Javier Milei en la disputa por los cuatro lugares que la Cámara alta debe cubrir en el Consejo de la Magistratura. El cristinismo pasa a 22 integrantes, mientras La Libertad Avanza opera con 20 bancas tras el fallecimiento del senador Juan Carlos Pagotto, cuyo suplente aún debe incorporarse formalmente. La diferencia numérica no es menor: define quién tiene más derecho a reclamar representación en el organismo que controla los ascensos, traslados e impugnaciones del poder judicial. El Consejo de la Magistratura es uno de los engranajes institucionales más sensibles del sistema político argentino. Quien controla sus mayorías incide directamente sobre la composición del Poder Judicial, un terreno en disputa permanente entre el kirchnerismo y el oficialismo desde hace más de dos décadas. La pelea por las dos sillas que corresponden al Senado no es burocrática: es una extensión de la guerra judicial que atraviesa la política nacional. El kirchnerismo llegó a esta posición de fuerza con una estrategia de reconstrucción de bloque que comenzó tras los resultados adversos de las elecciones de medio término. Recuperar a Rejal es parte de ese proceso de reagrupamiento. Con 22 senadores, el cristinismo no solo supera al oficialismo en número sino que consolida una capacidad de bloqueo e iniciativa que Milei no puede ignorar. La muerte de Pagotto, un hecho ajeno a la política, terminó amplificando esa asimetría. El radicalismo, en tanto, también reclama un lugar en la Magistratura. Su posición es incómoda: depende de los números propios para justificar la demanda, pero su bloque es más pequeño que los dos grandes. Sin embargo, en un Senado fragmentado, los votos radicales pueden ser decisivos para cualquier acuerdo e incluso para definir la integración final del organismo judicial. Todo el esquema de resolución queda en manos de Victoria Villarruel, presidenta del Senado y figura que en los últimos meses mostró tensiones con la conducción de La Casa Rosada. Su rol arbitral en este conflicto tiene doble filo: si favorece al oficialismo, refuerza su pertenencia al proyecto de Milei; si abre negociaciones con el kirchnerismo u el radicalismo, consolida su propia autonomía política. Ninguna de las dos opciones es neutral para su futuro. El oficialismo intentará que el suplente de Pagotto jure cuanto antes para llegar a 21 senadores e intentar presentarse en paridad relativa con el kirchnerismo. Pero aun con esa incorporación, la distancia persiste. La Libertad Avanza necesita aliados para compensar esa desventaja numérica, y esos aliados tienen sus propios precios políticos en una negociación que recién empieza. Lo que está en juego no se agota en los nombres que integrarán el Consejo. La disputa refleja el estado real de las fuerzas en el Congreso: un oficialismo con iniciativa en el Ejecutivo pero con debilidad estructural en el Senado, un kirchnerismo que recupera posiciones institucionales pese a su derrota electoral, y un radicalismo que busca no quedar afuera de ningún reparto. El Consejo de la Magistratura se convierte, una vez más, en el termómetro más preciso de los equilibrios reales del poder argentino.