sábado, 24 de octubre de 2026
 
 
     
El PJ debatió Presupuesto y PASO pero sin acuerdos

La conducción peronista debatió el Presupuesto y las PASO, pero sin acuerdos concretos. El partido enfrenta divisiones que comprometen su estrategia para 2027.

La cúpula del Partido Justicialista volvió a sentarse en otra cumbre nacional que, como viene siendo habitual, produjo más preguntas que respuestas. Los principales dirigentes del peronismo se reunieron para discutir la posición del espacio frente al debate presupuestario e intentar delinear un horizonte electoral común, pero el resultado fue esquivo: el encuentro expuso, una vez más, las fracturas internas que hacen casi imposible construir una estrategia colectiva sólida de cara a las elecciones de 2027. El contexto no es menor. El peronismo atraviesa uno de los ciclos de fragmentación más profundos de su historia reciente. Sin una conducción unificada que concite obediencia real, cada sector opera con agenda propia. La discusión presupuestaria fue el pretexto formal de la convocatoria, pero el trasfondo verdadero es la puja por definir quién lidera el espacio e impone las condiciones del acuerdo electoral que se viene. La cuestión de las PASO concentró parte del debate interno. Hay sectores que impulsan eliminarlas u omitirlas mediante acuerdos previos, mientras otros las defienden como mecanismo de legitimación democrática interna. Esta disputa no es técnica ni procedimental: es, en el fondo, una pelea por el poder de selección de candidatos. Quien controla ese proceso, controla el armado territorial e institucional del partido. El Presupuesto, por su parte, funcionó como señal hacia afuera. El peronismo necesita mostrar oposición efectiva al gobierno de Milei en el Congreso, pero las diferencias internas dificultan construir un bloque legislativo disciplinado. Las declaraciones públicas de rechazo presupuestario conviven con negociaciones silenciosas de distintos gobernadores e intendentes que tienen sus propias necesidades de financiamiento con el Ejecutivo nacional. Esta doble lógica —confrontación discursiva e interacción pragmática con el gobierno— es la marca estructural del peronismo en la oposición. No es nueva, pero se vuelve más costosa políticamente cuando el electorado propio exige definiciones claras e identidad opositora nítida. La acumulación de cumbres sin resoluciones concretas erosiona la imagen de conducción e invita a lecturas de debilidad. El desafío central que el peronismo no logra resolver es el de la unidad sin hegemonía. Históricamente, el PJ funcionó con un liderazgo que ordenaba verticalmente. Hoy ese rol está vacante u distribuido entre actores que se vetan mutuamente. Ningún dirigente tiene poder suficiente para imponer una lista única e indiscutida, pero tampoco hay voluntad colectiva de ir a una interna abierta que podría desgastar al espacio antes de tiempo. El resultado probable, si nada cambia, es una coalición electoral forzada, cosida con acuerdos mínimos e incapaz de proyectar un programa de gobierno creíble. Para un partido que aspira a volver al poder en 2027, esa perspectiva no es un detalle menor: es el problema central que estas cumbres, hasta ahora, no logran resolver.