  |
| sábado, 24 de octubre de 2026 |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
Caputo no logra votos oficialistas para su proyecto sobre Malvinas
La iniciativa impulsada por el asesor presidencial choca con divisiones internas del oficialismo y busca un dictamen de urgencia para el martes.
El proyecto sobre Malvinas que lleva adelante Santiago Caputo, el asesor estrella de la Casa Rosada, no consigue los acuerdos internos necesarios para avanzar con fluidez en la Cámara de Diputados. La iniciativa quedó trabada esta semana e impuso una negociación contrarreloj para conseguir el dictamen de comisión antes del martes. El episodio no es menor: expone las tensiones estructurales dentro del propio oficialismo entre dos centros de poder que conviven con creciente incomodidad.
El conflicto enfrenta, una vez más, a las denominadas Fuerzas del Cielo —el espacio más cercano a Caputo e identificado con el núcleo duro del presidente Milei— con el sector que responde a los hermanos Menem, que controlan la conducción formal del bloque en Diputados. No es la primera vez que estas dos facciones chocan. La diferencia es que ahora el terreno de disputa es un tema de alta sensibilidad simbólica: la soberanía sobre las Islas Malvinas, lo que eleva el costo político de cualquier tropiezo.
Desde la Casa Rosada minimizan el problema. La versión oficial sostiene que los retoques al proyecto serán menores e insiste en que el dictamen está próximo. En Diputados, por su parte, fuentes cercanas a la negociación admiten que están "muy cerca" de la firma, pero esa expresión es, en la política argentina, notoriamente elástica: puede significar horas u también días de bloqueo.
Lo que el episodio revela con claridad es la fragilidad del esquema de poder interno del oficialismo. Caputo opera como un ejecutor de iniciativas con peso propio, pero sin conducción legislativa formal. Eso lo obliga a negociar cada paso con un bloque que no controla e integra actores con agendas propias. El resultado es una maquinaria que avanza a golpes de urgencia en lugar de hacerlo con planificación.
El trasfondo histórico agrega una capa de complejidad. Malvinas es, en la política argentina, un terreno donde cualquier iniciativa legislativa convoca escrutinio cruzado: desde los sectores que cuestionan el fondo del proyecto hasta los que aprovechan el debate para medir fuerzas internas. Instrumentar una ley sobre soberanía territorial en medio de un cortocircuito de conducción es, cuando menos, una señal de desorganización.
Para el Gobierno, el costo de no resolver esto antes del martes no es solo procedimental. Un dictamen que se demora o que sale con fisuras visibles alimenta la narrativa de un oficialismo que no puede ordenar sus propias filas, justo cuando necesita proyectar fortaleza legislativa de cara a los compromisos del calendario político. La presión del reloj no es un detalle: es el síntoma de una gestión que administra las crisis internas con la misma lógica con que enfrenta las externas.
El desenlace inmediato dependerá de cuánto cede cada facción en las próximas horas. Pero el dato político de fondo ya está instalado: el proyecto Malvinas tardará en recordarse por su contenido. Lo que quedará en el registro es que Santiago Caputo, con todo su poder informal, no pudo evitar que una iniciativa propia se convirtiera en un espejo de las grietas del oficialismo.Más noticias de Datapolítica
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
| |
|
|