jueves, 22 de octubre de 2026
 
 
     
Un hijo de Bolsonaro le pidió un video de apoyo a Bullrich

El hijo del expresidente brasileño le pidió un video de apoyo dirigido a mujeres, antes del balotaje contra Lula da Silva.

Patricia Bullrich grabó un video en portugués para Flavio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, a días del balotaje presidencial en Brasil. El mensaje, orientado al voto femenino, convierte a la dirigente argentina en pieza activa de una campaña electoral extranjera, un movimiento que revela hasta dónde llega la internacionalización de la alianza entre las derechas del Cono Sur. El pedido no fue casual ni espontáneo. Flavio Bolsonaro eligió a Bullrich como interlocutora porque su figura condensa, para el electorado conservador brasileño, el perfil de la derecha dura latinoamericana con capacidad de gestión estatal. La frase 'Queremos un Brasil fuerte', pronunciada en portugués, no es solo un saludo protocolar: es una señal de identidad ideológica dirigida a un segmento electoral que el bolsonarismo necesita consolidar frente a Lula da Silva. El contexto regional importa. La victoria de Javier Milei en Argentina en 2023 transformó el mapa político del continente e instaló la motosierra como símbolo exportable de ajuste radical. Según el artículo, Milei y esa imagen serán ejes de la campaña bolsonarista en la recta final, lo que indica que el laboratorio argentino funciona ahora como argumento electoral en Brasil. Bullrich, en ese esquema, opera como puente. Su trayectoria como ministra de Seguridad, su posicionamiento duro frente al crimen organizado y su cercanía con el ala más confrontacional del PRO la hacen funcional al relato bolsonarista. No es la primera vez que dirigentes argentinos aparecen en campañas extranjeras, pero la escala y la visibilidad del pedido marcan un salto cualitativo en esa práctica. La operación tiene, además, una lectura doméstica. En Argentina, Bullrich refuerza su perfil internacional y su alineamiento con la internacional conservadora que articula a Bolsonaro, Milei y otras figuras de la derecha regional. Eso la posiciona en la interna de Juntos por el Cambio u el PRO frente a eventuales disputas de liderazgo, consolidando una identidad ideológica nítida hacia su propia base electoral. La elección del segmento femenino como destinatario del mensaje no es un detalle menor. El bolsonarismo arrastra históricamente un déficit de imagen entre las mujeres brasileñas, un problema que Lula supo capitalizar. Que Flavio Bolsonaro recurra a una dirigente mujer de otro país para compensar ese déficit habla de las limitaciones propias del movimiento para construir ese puente desde adentro. El episodio expone una tendencia estructural: las fronteras entre campañas nacionales se vuelven cada vez más porosas en la derecha latinoamericana. Lo que en otra época hubiera sido visto como injerencia hoy se presenta como solidaridad ideológica. Esa normalización tiene consecuencias: los electorados nacionales reciben mensajes construidos en parte desde afuera, con lógicas que no siempre responden a sus propias demandas y urgencias.