jueves, 22 de octubre de 2026
 
 
     
El ala política del oficialismo presiona por subir salarios

Mientras sostiene la ortodoxia en público, el ala política del oficialismo presiona internamente para mejorar salarios y acuerdos antes de las elecciones de

El gobierno de Javier Milei enfrenta una tensión creciente entre su dogma económico y la necesidad electoral de mostrar resultados concretos antes de 2027. En el entorno presidencial conviven dos lógicas que chocan sin resolverse: la ortodoxia fiscal como identidad irrenunciable y la presión política subterránea para reactivar el consumo y evitar un desgaste mayor en la actividad. El debate no es menor: lo que se decida en los próximos meses definirá el piso electoral del oficialismo. El contexto macroeconómico explica la urgencia. La actividad económica muestra señales de recuperación parcial, pero insuficientes para traducirse en mejora concreta del poder adquisitivo de los sectores medios y populares. Los salarios reales, aunque recuperaron terreno respecto al piso de 2024, siguen sin alcanzar los niveles previos a la gestión Milei. Las paritarias y los convenios colectivos se convirtieron en el campo de batalla donde se dirime esa disputa interna. El ala política del gobierno, encabezada por figuras con mayor sensibilidad electoral, empuja por acuerdos que permitan mostrar un relato de recuperación sostenida. La lógica es simple: sin consumo no hay crecimiento visible, y sin crecimiento visible no hay votos suficientes para sostener una coalición legislativa competitiva en las elecciones de medio término. Ese razonamiento, aunque elemental, choca frontalmente con el núcleo duro del equipo económico. La historia reciente ofrece antecedentes claros. Gobiernos anteriores que intentaron combinar ajuste con reactivación acelerada terminaron generando presiones inflacionarias que licuaron los avances. El equipo económico de Milei lo sabe y utiliza ese argumento para frenar cualquier impulso expansivo. La ortodoxia, en este esquema, no es solo una convicción ideológica: es también un escudo ante la repetición de errores históricos. Sin embargo, la rigidez tiene costos políticos concretos. Los sectores empresariales vinculados al consumo masivo y los sindicatos más moderados observan con preocupación una demanda interna que no termina de despegar. Las negociaciones paritarias de los próximos meses serán el termómetro real de hacia dónde inclina el gobierno su estrategia: si prioriza el equilibrio nominal u ofrece márgenes de recuperación salarial que estimulen el gasto. Lo que el artículo original presenta como "discusiones internas" es, en rigor, una fractura de racionalidades dentro del mismo espacio de poder. No se trata de matices: es la diferencia entre una visión que subordina todo al equilibrio fiscal y una que reconoce que la economía política tiene tiempos electorales que no se pueden ignorar. Milei, hasta ahora, resolvió esa tensión siempre del mismo lado. La pregunta es si 2027 lo obligará a mover ese límite. El desenlace de este debate interno tendrá consecuencias que van más allá de los números. Definirá si el modelo libertario puede construir una base social ampliada u si quedará atrapado en un techo electoral ligado exclusivamente a su núcleo ideológico. La economía de 2027 no se juega solo en los índices: se juega en si los argentinos sienten, en su bolsillo cotidiano, que el rumbo vale la pena sostener.