jueves, 22 de octubre de 2026
 
 
     
Andrés Rodríguez desafía a Aguiar por los salarios estatales

El titular de UPCN le exigió al jefe de ATE que abandone la confrontación ideológica y dé respuestas concretas a los trabajadores del Estado.

La disputa entre los dos principales líderes sindicales del sector estatal argentino escaló esta semana con una embestida directa del secretario general de UPCN, Andrés Rodríguez, contra su par de ATE, Rodolfo Aguiar. El eje fue la negociación paritaria de los empleados públicos, pero detrás del cruce hay una pugna estructural por la representación del sindicalismo estatal que tiene décadas de historia e implicancias políticas que van mucho más allá de los porcentajes salariales. UPCN y ATE son los dos sindicatos que concentran la mayor parte de la afiliación de trabajadores del Estado nacional. Aunque ambos integran centrales obreras distintas —UPCN forma parte de la CGT y ATE de la CTA— compiten palmo a palmo por la adhesión de los mismos trabajadores. Esa superposición hace que cualquier resultado paritario sea leído automáticamente como una victoria o una derrota política para uno u otro sector, más allá de su contenido económico real. Rodríguez respondió así a críticas que Aguiar había dirigido contra los acuerdos salariales alcanzados con el Poder Ejecutivo. La respuesta de Rodríguez no fue técnica ni gremial: fue política. Al exigirle a su rival que "revise su política ideologizada", el titular de UPCN intentó correrse del terreno de la confrontación salarial —donde ATE siempre adopta posiciones más duras— e instalar otro debate: si la intransigencia de Aguiar sirve o no a los afiliados. Esa operación discursiva tiene una lógica concreta. En contextos de ajuste fiscal, como el que atraviesa la Argentina en 2026, los sindicatos que negocian acuerdos quedan expuestos a la acusación de colaboracionismo, mientras los que rechazan quedan expuestos a la de inoperancia. Rodríguez elige la segunda acusación para Aguiar: un dirigente que prefiere la pose ideológica a la gestión concreta. Es un argumento que históricamente le ha dado rédito a la conducción de UPCN frente a la base trabajadora más pragmática. Aguiar, por su parte, representa una línea sindical que concibe la negociación paritaria como inseparable del conflicto político más amplio. ATE no firmó varios acuerdos en los últimos años precisamente porque consideró que legitimar cifras insuficientes era funcional al deterioro del empleo público. Esa postura tiene coherencia ideológica, pero también un costo: cuando los trabajadores cobran lo que otros firmaron, la abstención de ATE queda como un gesto sin consecuencias prácticas. El intercambio entre ambos dirigentes expone una fractura que el sindicalismo estatal arrastra desde la recuperación democrática: la tensión entre la lógica de representación institucional —firmar, estar en la mesa, garantizar algo— y la lógica de la confrontación como herramienta de construcción política.