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| jueves, 22 de octubre de 2026 |
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Lula y Flávio Bolsonaro empatan en las encuestas para 2026
La paridad en las encuestas brasileñas tensiona también la relación entre Buenos Aires y Brasilia, según el análisis del sociólogo Ariel Goldstein.
Brasil atraviesa una de sus disputas electorales más reñidas en décadas: Lula da Silva y Flávio Bolsonaro aparecen técnicamente empatados en las encuestas, y esa paridad no es solo un dato doméstico. Para la Argentina de Javier Milei, el resultado definirá si el vínculo bilateral entra en una nueva fase de tensión u obtiene un margen de entendimiento pragmático con el gigante vecino.
El sociólogo Ariel Goldstein identificó tres variables que explican el empate: la fragmentación territorial del voto, el peso creciente del electorado evangélico y el protagonismo de las redes sociales como arena de disputa. Ninguna de esas variables es nueva en Brasil, pero su combinación simultánea en este ciclo electoral genera un escenario de alta volatilidad que las encuestas tradicionales capturan con dificultad.
La geografía del voto es quizás el factor más determinante. Lula conserva fortaleza en el Nordeste, la región más populosa y con mayor índice de dependencia de programas sociales. Flávio Bolsonaro, en cambio, consolida el sur y el centro-oeste agropecuario, donde el bolsonarismo construyó una identidad política duradera más allá de la figura del padre. El resultado dependerá de quién logre erosionar el territorio del otro en los estados medianos del sudeste.
El voto evangélico opera como fiel de la balanza. Con casi un tercio del electorado brasileño identificado con alguna corriente del protestantismo popular, las iglesias neopentecostales funcionan como redes de movilización paralelas a los partidos. Flávio Bolsonaro heredó ese capital simbólico casi sin disputas internas, mientras Lula intenta seducir a franjas moderadas del sector con una retórica de inclusión que choca con posiciones doctrinarias consolidadas.
Las redes sociales amplifican esa disputa cultural. El ecosistema digital bolsonarista, construido con disciplina durante años, mostró capacidad de resiliencia tras la derrota de 2022. Flávio opera con mayor sofisticación algorítmica que su padre y logró mantener activa una base militante que produce contenido de manera descentralizada, lo que dificulta cualquier estrategia de moderación o desactivación desde plataformas.
Para Milei, el escenario tiene implicancias directas. Una victoria de Flávio Bolsonaro abriría una afinidad ideológica evidente entre dos gobiernos que comparten el rechazo al progresismo regional y una visión económica de desregulación. Pero una victoria de Lula no significaría necesariamente parálisis bilateral: ambos países tienen interdependencias comerciales e institucionales —Mercosur incluido— que fuerzan algún nivel de pragmatismo independientemente de las simpatías ideológicas.
Lo que está en juego, en definitiva, no es solo quién gobierna Brasil sino qué tipo de liderazgo regional emerge del resultado. Un Flávio Bolsonaro victorioso reconfigurarías el mapa político sudamericano hacia una derecha más coordinada. Un Lula reelecto consolidaría el eje con Colombia, Chile y México. Argentina, con Milei en el poder, deberá navegar cualquiera de los dos escenarios desde una posición de debilidad relativa: con reservas en reconstrucción, economía frágil y una política exterior que hasta ahora privilegió el gesto ideológico sobre el cálculo estratégico.Más noticias de Datapolítica
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