miércoles, 21 de octubre de 2026
 
 
     
Diputados aprobó la ley pero limitó la compra de tierras a extranjeros

Diputados aprobó la ley de Propiedad Privada pero reincorporó las restricciones a la compra de campos por foráneos, una derrota táctica para La Libertad Avanza.

La Cámara de Diputados aprobó la ley de Propiedad Privada impulsada por el gobierno de Javier Milei, pero con una modificación que representa una derrota política concreta para La Libertad Avanza: las restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros quedaron reincorporadas al texto final. El oficialismo debió ceder en uno de los puntos que consideraba centrales de su agenda desregulatoria, luego de que ese artículo quedara vinculado al decreto de necesidad y urgencia y la coalición gobernante no lograra los votos suficientes para sostener su posición original. El punto en disputa era la derogación de los límites que la legislación argentina impone a la adquisición de campos por parte de ciudadanos e inversores extranjeros. Esa normativa, vigente desde 2011, establece topes a la extensión de tierras que pueden estar en manos foráneas e incluye restricciones en zonas de frontera e hídricos estratégicos. Para La Libertad Avanza, eliminar esas barreras era parte de la señal que el gobierno quería enviar a inversores internacionales como prueba de apertura estructural. La vinculación con el decreto de necesidad y urgencia resultó el mecanismo que bloqueó al oficialismo. Al quedar atado ese artículo a un instrumento cuestionado por la oposición, los votos necesarios para sostener la derogación se evaporaron. La dinámica parlamentaria evidenció, una vez más, que La Libertad Avanza carece de mayoría propia y depende de alianzas variables que no siempre responden a sus prioridades ideológicas. El resultado final genera una paradoja política de peso: el gobierno que se presenta como el más liberal e individualista de la historia argentina reciente no logró avanzar en la liberalización del mercado de tierras, uno de los símbolos históricos del debate entre soberanía e inversión extranjera. Esa tensión no es nueva: la ley de 2011 fue resistida en su momento por sectores del campo y del establishment económico, pero acumuló consenso transversal como resguardo soberano. Para la oposición, la reincorporación de las restricciones es una victoria táctica que muestra la viabilidad de contener el programa desregulatorio cuando hay coordinación suficiente. Bloques del peronismo, la UCR y fuerzas provinciales coincidieron en este punto, lo que indica que la defensa de la propiedad pública sobre recursos estratégicos sigue operando como denominador común más allá de las diferencias ideológicas entre esos espacios. Desde una perspectiva más amplia, el episodio ilustra el límite real del poder legislativo de Milei a dos años de su gestión. La Libertad Avanza puede aprobar leyes, pero frecuentemente lo hace con textos que no reflejan íntegramente su programa original. Esa brecha entre la ambición reformista y el resultado concreto es el dato político más relevante que deja esta votación, independientemente del valor que cada actor le asigne a la ley en su conjunto. Lo que queda en pie es una ley de Propiedad Privada que el gobierno celebrará como logro, pero que llega recortada en uno de sus puntos más simbólicos. El mercado de tierras seguirá regulado, los extranjeros seguirán con límites para comprar campos argentinos, y el debate sobre hasta dónde puede llegar la desregulación en sectores estratégicos continuará siendo el eje de conflicto central entre el oficialismo y una oposición que aprendió a usar los instrumentos institucionales para moderar el rumbo.