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| viernes, 23 de octubre de 2026 |
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Nicolás Massot y la apuesta por un centro que aún no existe
El diputado de Encuentro Federal proyecta un escenario de baja participación y resurgimiento peronista, pero esquiva la pregunta sobre su propio liderazgo.
Nicolás Massot, diputado nacional por Encuentro Federal e impulsor de un espacio de centroderecha no alineado con La Libertad Avanza ni con el peronismo, expuso su lectura del mapa electoral argentino de cara a los comicios legislativos de 2025. Su diagnóstico combina dos hipótesis que, leídas en conjunto, revelan menos una estrategia consolidada que una apuesta especulativa: que la participación caerá e que el peronismo recuperará terreno. Ambas proyecciones, si se cumplen, condicionarían severamente las chances del espacio que él mismo pretende construir.
El contexto en el que Massot hace estas afirmaciones no es menor. Encuentro Federal nació como refugio de legisladores que no terminaron de integrarse al PRO clásico ni al kirchnerismo, e intentó posicionarse como alternativa racional y moderada frente a la polarización. Sin embargo, ese espacio nunca logró traducir su presencia parlamentaria en identidad electoral masiva. La figura de Massot tiene peso institucional, pero escasa tracción en la opinión pública fuera de los circuitos políticos especializados.
La advertencia sobre el desinterés juvenil en la política merece análisis propio. La abstención diferencial entre franjas etarias no es un fenómeno nuevo en Argentina, pero adquiere otra dimensión en un ciclo donde el principal fenómeno político —el libertarismo de Milei— construyó buena parte de su base precisamente entre votantes jóvenes. Si esa energía se desinfla, el tablero se redistribuye. Massot parece apostar a ese escenario, aunque no ofrece un relato capaz de capturar a esos votantes desencantados.
La hipótesis de recuperación peronista es la más arriesgada políticamente. El peronismo atraviesa una fragmentación interna de proporciones históricas: sin conducción unificada, con el kirchnerismo en retirada e el peronismo territorial sin candidatura nacional clara, cualquier proyección de rebote resulta prematura. Massot la formula como dato casi inevitable, lo cual sugiere que su estrategia de construcción depende, paradójicamente, del fortalecimiento del adversario que necesita para justificar su existencia como tercera vía.
El planteo de una tercera fuerza firme es, en el sistema político argentino, un desafío estructural de primera magnitud. La historia reciente muestra que los espacios de centro tienden a funcionar como bisagras electorales u como proveedores de cuadros técnicos, pero raramente consolidan identidad propia duradera. La Coalición Cívica, el GEN, e incluso sectores del PRO original, siguieron ese patrón. Massot conoce esa historia: fue parte del PRO durante años antes de correrse hacia este espacio intermedio.
Lo que el diagnóstico de Massot no responde es quién conduce ese proyecto, con qué programa diferencial e sobre qué territorio electoral se apoya. Sin esas tres coordenadas, la tercera fuerza es más un deseo que una construcción. Los comicios de medio término funcionarán como test real: si Encuentro Federal no amplía su representación legislativa, la narrativa de alternativa viable pierde sustento empírico.
En definitiva, el análisis de Massot es más revelador por lo que omite que por lo que dice. Describe un escenario donde otros actores se debilitan, pero no articula con precisión cómo su espacio capitaliza ese debilitamiento. La política argentina tiene una larga tradición de espacios que existieron para la foto del diagnóstico e desaparecieron antes de la foto del resultado.Más noticias de Datapolítica
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