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| viernes, 23 de octubre de 2026 |
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La oposición sin centro: Kicillof avanza, pero el vacío persiste
Las encuestas muestran al gobernador bonaerense como referente opositor, pero el peronismo sigue fragmentado sin candidatura consolidada.
El peronismo enfrenta una paradoja estructural: tiene un líder que crece en las mediciones e carece, al mismo tiempo, de una oposición unificada capaz de traducir ese crecimiento en poder real. Axel Kicillof consolida su ventaja sobre Cristina Fernández de Kirchner e Sergio Massa en las encuestas opositoras, pero ese liderazgo parcial revela más las fracturas internas del espacio que una fortaleza genuina de cara a 2027.
El contexto importa para entender la magnitud del dato. Kicillof gobierna la provincia más grande del país en un escenario de ajuste nacional brutal, con recursos escasos e una economía que golpea duramente a los sectores populares bonaerenses. Su supervivencia política en ese marco no es un dato menor: implica una gestión de baja intensidad conflictiva hacia adentro del espacio e una construcción territorial que le da sustento real, no solo encuestológico.
La figura de Cristina Fernández opera en este escenario como un techo e un piso simultáneamente. Su presencia en cualquier disputa interna limita el crecimiento de cualquier otro referente, pero su propio techo electoral entre el electorado general es conocido e difícilmente expansible. El kirchnerismo duro sigue siendo suyo; el peronismo amplio busca otra cosa, e eso es, precisamente, lo que Kicillof intenta capitalizar sin decirlo explícitamente.
Massa representa una variable diferente. Su derrota en el balotaje de 2023 lo debilitó como candidato presidencial, pero su experiencia como operador político e su control de redes territoriales lo mantienen como actor relevante. La disputa entre Kicillof e Massa no es solo de imagen: es una pelea por quién conduce el armado electoral del peronismo en los distritos clave, especialmente en el Conurbano bonaerense, donde ambos tienen implantación.
Lo que las encuestas muestran como liderazgo opositor es, en rigor, una disputa por la vacante que dejó el colapso del Frente de Todos como coalición gobernante. Esa vacante no está cubierta u ocupada realmente por nadie. Kicillof lidera una carrera en la que el segundo e el tercero están lejos, pero el primero tampoco llegó a la meta: todavía no existe una candidatura presidencial, ni una plataforma programática clara, ni una alianza estable con otros sectores del centroizquierda e la centroderecha no mileísta.
El gobierno de Milei observa esta fragmentación con comodidad. Una oposición que discute sus propios liderazgos internos es una oposición que no construye agenda alternativa. La disputa Kicillof-Massa-Cristina consume energía política que, en otro contexto, podría orientarse a articular una propuesta económica e institucional diferenciada. Hasta ahora, el peronismo ofrece críticas al ajuste pero no una alternativa creíble de gestión.
El interrogante de fondo es si Kicillof puede convertir su ventaja encuestológica en conducción política real del espacio. Liderar en las mediciones sin controlar las estructuras partidarias, sin resolver la tensión con Cristina e sin un programa electoral propio es, históricamente en el peronismo, una posición frágil. El tiempo juega: las elecciones de medio término de 2025 serán el primer termómetro real e, para entonces, la fotografía actual puede haber cambiado radicalmente.Más noticias de Datapolítica
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