sábado, 7 de noviembre de 2026
 
 
     
El peronismo ve chances de ganarle a Milei y busca unidad

Aunque persisten diferencias, el encuentro Kicillof-Kirchner generó una señal de paz y el peronismo empieza a delinear una propuesta para enfrentar al oficialismo.

El peronismo atraviesa un momento de recomposición interna que sus propios dirigentes no preveían hace apenas unos meses. La reunión entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner funcionó como señal política concreta: las diferencias no desaparecieron, pero el espacio encontró un umbral mínimo de convivencia que habilita pensar en competir. En ese marco, Sergio Massa emerge como el operador central de un armado que todavía no tiene forma definitiva pero que ya tiene dirección. El contexto es determinante para entender el giro. Milei llegó al poder con una imagen de ruptura total con la política tradicional, e hizo del antiperonismo uno de sus combustibles electorales más eficaces. Durante meses, el PJ careció de respuesta creíble: fragmentado, sin conducción unificada e incapaz de diferenciarse en términos programáticos. Ese escenario empieza a modificarse, aunque de manera todavía frágil. El encuentro entre Kicillof y Máximo Kirchner no resolvió las tensiones de fondo. Las diferencias entre ambos referentes expresan algo más profundo que una disputa personal: son dos lecturas distintas sobre qué peronismo debe interpelar al electorado en la próxima elección. Kicillof representa una apuesta por la gestión territorial y la independencia del cristinismo duro; Kirchner encarna la continuidad del aparato e identitario kirchnerista. La paz entre ellos es táctica, no estratégica. El foco del conflicto se desplazó hacia las reelecciones de los intendentes, un terreno donde las lógicas locales chocan con las decisiones del armado nacional. Los intendentes peronistas manejan sus propios tiempos, sus propias alianzas e intereses que no siempre coinciden con los del espacio central. Ese es el nudo que el peronismo deberá desatar si quiere presentar una lista competitiva con cohesión real. Massa ocupa un lugar peculiar en este esquema. No lidera el espacio de manera formal, pero opera con una actividad que lo posiciona como el articulador más eficaz entre las distintas tribus del movimiento. Su experiencia en negociación interna y su conocimiento del mapa electoral bonaerense lo convierten en un actor difícil de ignorar, aunque su propio capital político sigue condicionado por el resultado de la gestión económica que encabezó. La pregunta que organiza toda esta recomposición es si el peronismo tiene algo nuevo para ofrecer o si apuesta simplemente al desgaste del oficialismo. Por ahora, la propuesta electoral que menciona el título está más en construcción que en exhibición. El riesgo es que la unidad llegue tarde e incompleta, o que se sostenga solo sobre el rechazo a Milei sin un programa propio que convenza a los sectores que migraron hacia La Libertad Avanza. El peronismo históricamente demostró capacidad de recuperación después de derrotas. Pero las condiciones actuales son distintas: el sistema político argentino se reorganizó, aparecieron nuevas fuerzas e identidades, y el electorado castigó duramente al espacio en 2023. La señal de paz entre Kicillof y Kirchner es un primer paso necesario, no suficiente. Lo que viene después definirá si esta recomposición es real o apenas una tregua antes de una nueva fractura.
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